miércoles, 2 de mayo de 2012

DISTINCIÓN A NUESTRO DIRECTOR


La Revista Alma Porteña agradece la distinción otorgada a su Director por difundir noticias sociales, políticas y turísticas a nivel nacional, conforme puede verse de la diploma que publicamos.


LA EXPERIENCIA ENSEÑA


En el departamento de Ayacucho, provincia de Lucanas, existe un distrito llamado Llauta, el que colinda con la provincia de Palpa, que pertenece al departamento de Ica, hoy región Ica. Llauta es una provincia que se encuentra a 2200 mts de altura, en nuestra Cordillera, donde se origina el río Palpa, encontrándose en esta prov incia un lugar llamado Ailapampa, con una veintena de casas, hace muchos años atrás en los años 1830 un italiano llamado Francisco Degregori Chiessa, afincó en este poblado, era ganadero, próspero, tenía tierras de invernación de ganado (engorde), existiendo hasta la fecha la mencionada casa hacienda que por cierto destaca en el lugar, que consta de 2 plantas, 11 cuartos de 5 x 6 c/u. en el 2º piso - un corredor – comedor – cocina - dormitorios, en el 1º piso, un patio de 40 x 15 mts empedrado - cruzando el patio al frente 6 cuartos de 5 x 6 de una planta todo con techo de calaminas y un corral para el ganado de 2000 mts2.

Don Francisco Degregori Chiessa es mi abuelo, tuvo con su esposa, mi abuela Ricardina Bendezú, 12 hijos, siendo en la actualidad numerosos los familiares con el apellidos Degregori, descendientes de Don Francisco, emigrante que llegara al Perú por el puerto del Callao en los años 1822, padre de doña Enma Degregori Bendezú, quien fuera mi madre.

Para ese entonces tendría yo, de 10 a 12 años, por razones que no recuerdo con exactitud, se me encomendó ir de Ailapampa, de la casa de mi tío Amadeo, a la casa hacienda de un primo, Jorge Guillén Degregori, el camino por donde debía ir era un camino pegado a la falda de los cerros, que por cierto son altísimos y llenos de vegetación, lo que ya había incursionado en alguna oportunidad era morada de pumas, el llamado “león peruano”, fiero, noble, y solo caza cuando tiene hambre, no es carroñero, perdices, vizcachas y guanacos en las partes más altas, así como algunas alimañas, como la apancora, araña temible, que lanza bufidos en medio de las lluvias y otras variedades de alimañas.

Era un día del año 1950 ó 1951, en los meses de Enero o Febrero como es sabido, épocas de lluvias intensas, de abundante agua, época de inundaciones, ríos cargados (llenos de agua), “canganas” ruidosas, por donde corren grandes caudales de agua a velocidad vertiginosa, arrastrando piedras y plantas, según sea la intensidad de las lluvias, todo esto debido a la gran altura de los cerros desde cuyas simas, las gotas de agua se convierten en pequeñísimas corrientes que por la inclinación de su configuración, discurren llegando a estas grietas que se forman desde la sima hasta sus bases, con el pasar de los siglos se han convertido en verdaderos cauces profundos, por donde discurre el agua de las lluvias hasta llegar a los ríos (en este caso el río Palpa) bajan sus aguas con gran estruendo, haciendo temblar la tierra cual terremoto.

Es así como en cumplimiento del encargo, decido cortar camino, todos sabemos que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos equidistantes, en este caso (2 km más o menos).

Bien, aplicando esta lógica, ingresé a los cercos sembrados de “alfalfa” gran alimento para los animales (en este caso reses, caballos, carneros, etc.) continuando mi travesía ingresé a un cerco, cuya alfalfa había crecido tan alto que casi me cubría por completo, estando casi a centro del “cerco” (cerco es un espacio de terreno, circundado por “pircas” hechas de piedras superpuestas, estas pueden ser de dos metros más o menos, permitiendo identificar la propiedad e incluso llevan nombres para mejor identificarlos.

Es así como escucho a lo lejos unos ladridos broncos y fuertes de por lo menos tres perros, apuré el paso cuanto pude, abriendo la alfalfa con mis brazos, divisando la pilca bastante cerca, voltee a mirar y logré ver tres cabezas de perros que se perdían y aparecían, saltando y corriendo, venían a mi encuentro rabiosos y ladrando, sentí que me encontraba en un gran riesgo de ser atacado por estos perros que eran inmensos y bravos pues eran la seguridad de la casa hacienda del primo quien yo debía entregar el encargo.

Por suerte esta pilca si bien es cierto tenía aproximadamente dos metros de altura, no era lisa, unas piedras sobresalían más que otras, por donde me encaramé lo más pronto posible (dentro de los límites que mi corta edad me permitían) llegando a estar en la cima de la pilca antes que los furibundos perros me alcanzaran, esta era la última que tenía que pasar, ya que daba al camino que me conduciría a la puerta de la casa hacienda.

Y así tuve un final feliz, fue una experiencia crítica, mi regreso sí lo hice por el camino que era mucho más largo, pero que me daba seguridad.

Moraleja: “No siempre el camino más corto es el mejor” o “Más vale rodear que rodar”.

miércoles, 17 de agosto de 2011

REUNIÓN DE CINCO AMIGOS



En una tarde soleada de esas que secan la garganta y hacen que nuestros sentidos se agudicen, ante tanta sofocación, en uno de esos bares de cierta calidad, en una ciudad donde el comercio es abundante, se encontraban cinco amigos “remojando las palabras”. Como uno de ellos sostenía, para justificar de alguna manera, el aprovechamiento de estas oportunidades amicales. Para evitar herir susceptibilidades sólo les daremos un número del uno al cinco y siempre el uno será el uno y así sucesivamente, hasta el cinco.

Es el caso que el uno manifiesta: en nuestro mundo actual tenemos que festejar el avance de la ciencia y la tecnología, entre ellas la comunicación, pero cuando caen en mentes retorcidas, con sed desmedida de poder y capaces de usarlas para mal, reúnen gente de su propia calaña y dominan el medio en que se desenvuelven y atropellan honras y dignidades, acaparan poder y riqueza a la mala, sin importarles nada ni nadie, y así acuden como moscas a la miel, todos los malandrines y corruptos desde los medios en que se engendran.

Esto en todos los niveles sociales y políticos en el mundo entero.

No bien acaba, lo interrumpe el número tres, pidiendo disculpas dice: algo de razón tiene el número 1, pues aquí ha sucedido y sucede algo que se parece mucho a lo dicho por el número 1, pero eso no significa que deben prevalecer eternamente, para eso tenemos reservas morales que pueden combatir a estos facinerosos.

El número 2 dice: tenemos buenos colegios, profesionales capaces y de muy buen nivel, debemos tener esperanzas que nuestro pueblo alcance mejores niveles económicos, culturales y, con cierta sorna dice: y nosotros también, no olvidemos que a los pueblos no se miden sus edades como a los seres humanos: 10, 20, 50, 70 años, sino que el desarrollo y crecimiento de los pueblos necesitan 200, 300 y 500 años y apenas tenemos ciento noventa años como sociedad libre e independiente.

El número cinco manifiesta: si, pero ustedes lo han dicho antes, quizás los pueblos necesitaban 500 años para desarrollarse positivamente, pero hoy tenemos herencias que aceleran y fortalecen el desarrollo de los pueblos como es la ciencia y la tecnología.

El número cuatro dice: bueno digamos salud y no tomen tan a pecho las dificultades en que viven los pueblos, pues como decían los abuelos, el gallinazo de arriba se zurra en el de abajo y con este cuento del libre comercio los dominantes de los grandes países encontraron la forma de romper nuestras fronteras y se aprovechan del hambre y el atraso de nuestros pueblos para meter sus narices en todos los países que les da la gana y llevarse “lícitamente” toda materia prima que les da la gana, “pagando” lo que según ellos, es su precio y no se puede reclamar porque sino los “alquilados” nos recuerdan todas nuestras carencias y que estas serán peores aún mientras ellos “tragan” las migas de los poderosos a cambio de “ladrar” para asustarnos. Bueno muy solemne él dice, poniéndose de pie: todo el que come churrasco en su casa y solo deja para lentejas y no averigua, cachudo es.

El numero uno plantea: los pueblos del Perú vienen sufriendo una epidemia de corrupciones, en todos los niveles, no cabe duda que este estado de crisis impide el crecimiento y desarrollo de nuestro país en todas sus actividades y es evidente que en construcción la situación es caótica, y esto, obstaculiza el desarrollo nacional de esta actividad ,si nos queremos y queremos a nuestro pueblo, y a su territorio, pues todo el que obstaculiza delincuencialmente el desarrollo de nuestro país, está en guerra contra el por lo tanto todas estas “alimañas” deben ser declaradas “traidores a la patria” y se les debe aplicar la ley que les corresponde … y al que diga que no a cincuenta la bonito… y así alegrones abandonaron el local y se fueron a soñar con los ángeles…

miércoles, 29 de junio de 2011

UN VIAJE SIDERAL



Era una tarde calurosa, el sol mantenía iluminada la campiña, me encontraba en un bosque de huarangos (algarrobos), esperando que mi caballo se alimentara, a quinientos metros estaba el cementerio de la ciudad, con muchos años de antigüedad, habían sepulcros en pabellones y en tierra, en muchas oportunidades lo había visitado, solemne, frío y hasta bullicioso parecía, decían que era por los vientos, existía una mina abandonada, de oro, que había sido explotada hasta agotarse la veta.

Muchos moradores habían visto en noches de cielo claro, estrellas que raudas cruzaban a gran distancia el cielo, por lo que se comentaba que mar afuera, a gran profundidad existía una base de “platillos voladores” en alguna oportunidad hacía muchos años, gente de la campiña había desaparecido por meses, en algunos casos habían vuelto a aparecer sin poder explicar qué les había sucedido no recordaban donde habían estado durante el tiempo que no se les veía, un año y hasta dos años.

Siempre aparecían muy cambiados, vigorosos, con ciertas habilidades desconocidas en ellos y muchos habían comenzado a progresar tanto económicamente como socialmente y casi todos abandonaban la pequeña ciudad en que vivían para trasladarse a otras ciudades de mayor auge.

Es así como buscando un descanso placentero entre la vegetación y los árboles, traté de descansar echándome sobre el pasto, recostando mi cabeza entre mis manos entrelazadas, cerré los ojos, aletargado, sentí un silencio absoluto y el ambiente se tornó cálido, quise abrir mis ojos, moverme, pero mis brazos, mis piernas, mi cabeza no obedecían a mis deseos, supuse que estaba en medio de una pesadilla, de pronto todo era muy lejano, no sentía tener mi cuerpo, sentí como si estuviera constituido por pequeñísimas partículas, saltando, rozándose unas a otras, en intervalos precisos y ciertos, manteniéndose en un compás constante, fui perdiendo conciencia, a la vez sentía estar en un silencio absoluto.

No puedo mencionar el tiempo que duró las sensaciones mencionadas.




Cuando fui haciendo conciencia lentamente a la vez me sentía calmado y seguro, traté de moverme, abrir mis ojos, por más esfuerzos que hacía no podía, en estas condiciones pasé algún tiempo, cada vez me sentía más consciente pero no podía moverme.

La tranquilidad y seguridad iban en crecimiento positivo, sin percibir nada, conseguí mover mis brazos libremente y mis piernas, abrí mis ojos, me encontré con una oscuridad sepulcral, traté de levantarme.

Escuché una voz: que me decía: no te muevas (pronunció mis nombres completos), tú has nacido (dijo mi fecha de nacimiento), los nombres de mis padres, repitiéndome que no me mueva, que mantenga la calma.

La voz era femenina, melodiosa y zalamera.

Continuó: ten paciencia, todo está bien, hemos salvado tu vida, has tenido un infarto, estás en un centro especializado, fuera de tu mundo, has viajado millones de kilómetros por el espacio, ahora eres nuestro invitado, dentro de unos minutos podrás caminar, todo lo dicho por la voz sólo lo sentía directo a mi cerebro pero con claridad.

Abrí mis ojos, percibí una luz suave, blanca, sin intensidad, que me permitía ver con naturalidad, pude apreciar que me encontraba en el centro de una habitación amplia, circundada por paredes que parecían gelatina, con iluminaciones que corrían por dentro de las paredes, como si fueran pequeños relámpagos, de manera constante y permanente. La cama que yo suponía fuera como las que usamos se trataba de una de forma tubular casi hecha diría yo, a la medida de mi cuerpo.

Nada de lo vivido hasta el momento me produjo temor ni nerviosismo alguno, más bien sentía curiosidad, algo inusual en mí.

De pronto por una de las paredes ingresaron dos seres cubiertos sus cuerpos totalmente, con una escafandra para sus cabezas, sus vestimentas eran muy ceñidas, de color plomo, muy resplandecientes.

Se acercaron a la cama donde me encontraba, podía entender como si me hablaran.

Decían: somos amigos, te hemos salvado la vida, queremos ayudarte, fue necesario traerte desde la tierra a nuestro planeta.

Pregunté: ¿Dónde estoy?, me contestaron: no es necesario que hables, sólo piensa y nosotros te escucharemos, así como lo vienes haciendo tú. Y así lo hice, pensé: ¿Dónde estoy?, me respondieron: en un centro inter espacial en el planeta “Zorco” a millones de kilómetros de la tierra, en la galaxia “Ecro” del sistema “pletico” a uno de los extremos del universo. Ante tales respuestas traté de levantarme, acercándose los seres que tenía al frente, para ayudarme.
Sentí tener hambre y sed.

Me dijeron: no te preocupes, te vamos a llevar para que sacies tu hambre y sed.




Acto seguido me tomaron de los brazos suavemente, y me invitaron a caminar, llevándome directamente contra la pared, atravesándola, para mi sorpresa, como si fuera de aire, así caminamos por unos pasillos, llegando a un salón grande, donde habían distribuidas en perfecto orden no menos de 50 mesas con sus respectivas sillas.

Me indicaron que tomara asiento y ellos se sentaron también.

Vinieron seres vestidos igual que los dos amigos que me acompañaban con algo que mas bien flotaba, diría yo, pues el piso no lo tocaba, colocando en el lado de la mesa donde me encontraba, un plato con ensalada de verduras (suponía yo) y un vaso de leche (supuse por su aspecto) y los comí todos, descubriendo que ni eran legumbres, ni era leche, pero si todo era muy sabroso y agradable.

No me cabe duda que los alimentos que me dieron energía me reconfortaron, dándome vitalidad.

Luego me condujeron a una gran sala, me explicaron (siempre mentalmente):
Que me mostrarían en las pantallas, el fondo del mar, de la tierra, llamado Pacífico, donde tenían sus bases, desde hace siglos.

El Pacífico era el mar más profundo de mi mundo, tenía más de 10 kilómetros de profundidad y donde no podían llegar los terrícolas.

Pude ver en las pantallas, unas cúpulas gigantescas todas ellas transparentes, que cubrían verdaderas ciudades con edificios, avenidas y calles y un sinnúmero de personas en plena actividad, vestidos como los que me acompañaban, con máquinas de transporte (tubulares) y máquinas circulares, volando dentro de la ciudad.

¿Qué es esto? Pensé.

La respuesta siempre mental, no se hizo esperar.

Me dijeron: es el fondo del mar, al que ustedes llaman Pacífico, el más profundo de tu mundo; pues tiene más de 10,000 metros de profundad, tenemos muchos siglos que estamos ahí, a tu gente las hemos visto evolucionar, desde hace siglos, no queremos interferir en sus vidas, ni mezclarnos, somos incompatibles, pero los respetamos, pues tampoco podríamos vivir en la superficie terrestre.

Lo que necesitamos lo obtenemos del fondo del mar y lo trasladamos en nuestras naves, nuestros viajes duran aproximadamente 60 días terráqueos, atravesando el universo por las vías siderales, a velocidades que superan un millón de veces la velocidad de la luz.

Sólo transportamos lo necesario, no depredamos y si consideramos necesario escogemos entre ustedes a personas especiales, como ha sucedido en todos estos siglos, preparándolos, dándoles conocimientos y tecnología, lamentablemente en algunos casos, le dan mal uso a los conocimientos y vienen contaminando el mar que tanto nosotros como ustedes lo necesitamos para vivir.

Durante todos estos siglos que hemos habitado en el planeta tierra (como lo llaman ustedes) hemos procesado en nuestro planeta a reyes, gobernantes, científicos (ustedes los llaman sabios) para que ustedes desarrollen su tecnología y dejen de enfrentarse unos a otros, sobre todo no podemos permitir que finalmente hagan de la tierra un mundo inhabitable para ustedes y nosotros.

Tú estas aquí porque coincidió que estábamos observando el lugar en que te encontrabas y observamos que tu corazón se abría por uno de sus lados y era eminente que morirías, por lo que fue fácil detener el tiempo en tu entorno y traerte a nuestra base en el fondo del mar y de ahí enviarte a nuestra estación aquí, a nuestro planeta “Zorco” lo demás ya lo estás viviendo, ya estás sano y tendrás larga vida.

Me condujeron a otra pantalla donde podía ver una cúpula inmensa, que cubría no menos de 50 naves gigantescas, tanto circulares, cual platillos voladores, como otras en forma cilíndrica con unas torres circulares sobre ellas, escuché que me decían que unas eran para el transporte de seres y las cilíndricas eran para el transporte de productos extraídos del fondo marítimo, a donde no llegaban los terrícolas.

Me sentí temeroso por mi futuro, enseguida me explicaron que no sintiera temor alguno, pues donde me encontraba estaba más seguro que en la tierra y que me regresarían muy pronto, pues ellos no me harían daño alguno.

Siempre mentalmente, me invitaron a conocer su urbe, subimos a una especie de ascensor, llegando a un espacio abierto a gran altura, donde habían estacionados unos vehículos globales a los que ingresamos tomando asiento, en una especie de masa, que se ajustaba a nuestros cuerpos, elevándose estos, como si recibieran órdenes, efectuaban un recorrido continuo, suave y a cierta velocidad, iba escuchando mentalmente todo tipo de información, los edificios eran de un materia uniforme, como si fuera una sola masa, me decían que el material era una masa “inteligente” que estaba programada para construirse así misma (darse forma) y que su duración era eterna, que se regeneraban así mismas, que podían transformarse en puentes, vías y todo lo que se quisiera, sólo había que programar la masa para que ésta tomara la forma que se ordenaba.

Pensé todo me parecía una irrealidad, y así me respondieron: no te preocupes, somos una raza con muchos millones de siglos de existencia, nosotros también fuimos como ustedes, pero las condiciones de vida que tenemos nos ha permitido desarrollarnos, pues vivimos un promedio de dos mil años, la órbita de nuestro planeta es un millón de veces más grande que la de ustedes y nuestro planeta es cien veces más grande que la tierra, es por ello que acumulamos conocimientos sin límites y nuestra tecnología es la más avanzada del universo.

Tú has viajado por un pasaje sistólico que corre por un espacio que se extiende y se contrae, permitiendo que el viaje sea un millón de veces más rápido que la luz, pero para eso tu ser es convertido en partículas infinitamente pequeñas y aquí estás.

Te repetimos que hemos salvado tu vida, porque cuando te intervenimos estabas sufriendo un paro cardiaco, te devolveremos a la tierra, tendrás una vaga conciencia de todo esto, pero tu ser en general está totalmente fortalecido y regenerado, tu vida será larga y ya no tendrás enfermedades futuras, si deseas quedarte manifiéstate y te quedarás.

Les dije que les agradecía pero que mi familia la tenía en la tierra y no podía quedarme (me estaba agradando poderme comunicar sin hablar).

No te preocupes me dijeron, (siempre mentalmente) somos respetuosos de tus deseos, luego me transportaron hasta el mismo edificio de donde partimos, llevándome a la misma habitación donde desperté, en el centro estaba la cama tubular, me pidieron que me echara en la cama, luego una tapa fue cubriéndome hasta llegar a cubrirme totalmente y… aquí me tienen sano y salvo con estos recuerdos que cada cierto tiempo vienen a mi memoria, sin poder sentirme nunca seguro de si fue verdad o no.

Lo cierto es que he aprendido que a más conocimientos, menos egoísmos, odios, y ha no desconfiar de lo desconocido….

viernes, 17 de junio de 2011

UN VIAJE AL PASADO - EL CONDE DE CHOSICON




Según expresión de los entendidos, personas profesionales, especialistas en la anatomía humana y el funcionamiento de nuestros órganos, en especial el cerebro que no escatiman expresiones en el sentido que no usamos sino la cuarta parte de él, hasta hoy en día.

Muchos afirman que seríamos capaces de ver y viajar a cientos y miles de kilómetros, escuchar voces del pasado, viajar en el infinito, todo esto en pocos minutos.

Si tenemos en cuenta estas aseveraciones usted y solo usted podrá considerar esta posibilidad después de leer nuestra historia a narrar.

En un día cualquiera como era rutina, Francisco de Triana y Rivera, venía manejando su automóvil por la Av. Arequipa del centro de Lima con dirección a Miraflores (distrito de la Región Lima), cuando repentinamente lo impacta una ambulancia estrepitosamente, quedando el vehículo en que viajaba Francisco con las ruedas hacia arriba, gravemente herido, permaneciendo en el vehículo por mas de dos horas, la gente se arremolinaba alrededor del vehículo, nadie intervenía pues lo consideraban muerto, la parte de adelante junto con el motor estaban casi separadas del resto del vehículo, el parabrisas estaba hecho trizas, tirado en la pista. A Francisco se le veía inerte, sangrante y parecía no respirar, recién a las dos horas llegaron los bomberos y una ambulancia de una conocida clínica que estaba solo a cuadras del lugar del accidente, finalmente fue sacada del vehículo y llevado a la clínica en la ambulancia mencionada en un estado de inconsciencia total.

Despertó en la silla de un brioso caballo blanco, vestido con unas botas altas, viajando por un callejón bastante polvoriento, enrumbando hacia el oeste, sintiendo a los pocos minutos el ruido de las olas que se batían contra los farallones costeros como a doscientos metros, un frondoso árbol daba sombra y vio, unos troncos tirados en el suelo desde la montura de su cabalgadura.

Podía apreciarse una inmensa llanura verde con árboles frondosos entre plantas propias de la agricultura, viéndose parcelas debidamente delineadas, de pronto a la distancia distingue venir un corcel que se acercaba donde se encontraba Pablo San Román de Castilla, así se llamaba, se apeó del caballo siempre mirando el caballo que se acercaba, su jinete era una bella mujer de color cobrizo, joven y sonriente y al bajarse del caballo la tomó de la cintura para ayudarla, besándose apasionadamente por algunos minutos, ella le mencionó que su padre el cacique don José Sánchez de Marango estaba sospechando que algo raro le estaba pasando a ella, Dina, ya que siempre prefirió pasar las horas en los jardines de su casa que ocupaba un área de más de mil metros, rodeada de jardines y huertas de árboles frutales y hortalizas.

Francisco le dijo que no se preocupara, que ya había pedido a la Corona Española le remitieran sus títulos nobiliarios y le señala la ubicación de las tierras ofrecidas a su familia por los servicios prestados a la Corona.

Estuvieron prodigándose caricias por más de dos horas despidiéndose con un prolongado e intenso beso.

Francisco subió a su caballo dirigiéndose a los farallones donde se detuvo a escuchar las olas, que estruendosamente iban y venían, luego se dirigió cruzando la sabana, en medio de la vegetación con arboledas y pequeñas plantas, plantaciones de vid, hasta tomar el camino hacia Lima, centro donde su padre tenía un inmenso solar, con jardines, caballería incluida, pues era uno de los llamados “escribanos” nombrado por la Corona Española para esta parte de América.

Pablo hacía dos meses que había regresado después de terminar su carrera como doctor en leyes en España y Francia, pues se trataba de una familia con títulos nobiliarios y funciones al servicio de la Corona Española, los títulos personales de Pablo estaban por llegar vía marítima por lo que no podía aún hablar con el padre de Dina con quien sostenía una relación sentimental desde hacia algunos años en juventud, antes de viajar a España, retomada a su llegada, sabía que su padre tampoco estaría de acuerdo con su matrimonio con Dina, por ser hija del Sol, pero como él decía, era la mujer más bonita de todo el territorio de este llamado nuevo mundo.

Unos españoles afincados en la zona norte, habían invadido una parte de las tierras que le habían asignado a don José Sánchez de Marango por los que paga fuerte tributo y estaba obligado a obediencia absoluta con la Corona, pero como él pensaba, lo daba todo para darle a su gente una vida segura, un trato humano y buena alimentación, siempre prefería llevar una vida austera y en paz.

Es así como lejos de enfrentar a los invasores, acudió a denunciarlos ante la autoridad correspondiente para este caso, el Corregidor don Pablo San Román de Castilla.

Don Pablo San Román de Castilla invitó al poseedor de las tierras de Marango para que sustente su denuncia de acuerdo a las usanzas, al ingresar al despacho del señor Corregidor, se encontró con el hijo, don Pablo San Román, quien muy solícito lo saludó, acompañándolo hasta donde se encontraba su padre, retirándose muy solícito, deseándole un feliz día en nombre de la Santa Cruz.

Don José Sánchez de Rivera luego de ofrecer sus saludos al señor Corregidor, quienes se conocían desde hacía muchos años y siempre se trataron con mucha consideración y afecto, pues sabía que el señor Mendoza era una persona justa en todas sus acciones, al escucharlo lamentó que estuvieran en sus tierras españoles, sustrayendo productos que no les correspondía, ocupando tierras que pertenecían al Curaca José Sánchez de Marango, ofreciéndole ocuparse del caso, de inmediato llamó a su guardia para que fueran a inspeccionar y trajeran a su presencia quienes estuvieran cometiendo estos actos de abuso.

Don Pablo San Román de Castilla hacia su ingreso al despacho de su padre, al escuchar las disposiciones de su padre se ofreció a ir también agradeciendo el señor Sánchez su pronta voluntad.

Partiendo enseguida con dirección a la repartición de Marango la comitiva, yendo a la cabeza don Pablo San Román de Castilla.

Llegando al lugar indicado notificaron a los responsables quienes desde ya se declararon inocentes, pues decían estar solo de paso, recuperando energías y que justamente se marcharían al día siguiente.

Los comisionados regresaron de inmediato a Lima y don Pablo San Román de Castilla se dirigió a la casona del señor José Sánchez de Marango, Curaca de Marango, llegando al pórtico principal preguntó por don José Sánchez de Marango, le comunicaron que no había regresado de Lima, pero estaban seguros que no demoraría.

Preguntó si podría esperarlo pues se trataba de un caso urgente de parte de don Pablo San Román de Castilla y Sevilla, corregidor de la Corona Española en los territorios de indias.

Solicitó el encargado de la casa de don José Sánchez de Marango, cacique de Marango ingreso a la casa para informar a la señorita Dina hija de don José, quien al enterarse de la visita de tan importante representante salió personalmente a recibirlo, dándose con la sorpresa que se traba del hijo del señor Pablo San Román (hijo), sonriéndole graciosamente, mostrando su alegría, lo invitó a pasar a su casa, acto seguido Pablo (hijo) le refirió paso a paso los pormenores de su intervención y que dichos provocadores se habían comprometido a respetar los límites del territorio asignado por la Corona a su padre. Acto seguido le comunicó que sus títulos ya habían llegado, señalándole dominio sobre las tierras llamadas Chosicon, las que eran conocidas por su clima benigno y donde el sol no se ocultaba en todo el año, ricas por su producción y abundante vegetación, ofreciéndole que hablaría con su padre para pedir su mano oficialmente, ella muy alegre se acercó a él, abrazándolo y besándose apasionadamente, con mucho amor, apartándose de inmediato ya que su padre podía llegar en cualquier momento.

Así fue, en pocos minutos llegó el papá de Dina, retirándose de inmediato Dina, dejando a los dos solos, quienes conversaron por espacio de unos minutos, retirándose don Pablo (hijo) prometiendo que al día siguiente regresaría a constatar el retiro de los invasores de las tierras de don José Sánchez de Marango, curaca de Marango.

Al día siguiente don Pablo (hijo) habló con su padre sobre su relación sentimental con la hija de don José Sánchez de Marango, el padre, hombre recio y moderno, leído en toda la extensión de la palabra y ante ciertas dificultades que se venían presentando con los nativos, le pareció oportuno un matrimonio entre su hijo y la hija del Curaca de Marango, dejando de lado todo prejuicio, muy en boga por entonces y quizá hasta hoy en día, aprobó la relación de su hijo, comprometiéndose a hablar con el virrey de inmediato para luego hablar con el curaca de Marango. Pasaron algunos días y el corregidor don Pablo San Román notificó al curaca José Sánchez que lo visitaría para efectuar un recorrido por las tierras del norte de Marango dentro del tercer día.

El curaca aceptó tal visita y lo invitó a gozar de un almuerzo en su residencia, a él, a su hijo y su comitiva.

Dina Sánchez comunicó a su padre las intenciones de don Pablo San Román y Castilla, padre de Pablo, con relación a su noviazgo y próximo matrimonio, poniendo cierta resistencia, ya que no conocía que su relación tenía muchos años y que realmente existía un amor cierto.

Finalmente aceptó, siempre y cuando el compromiso se efectuara en Marango, por ser la casa de la novia y que vivieran en las tierras de Marango, su hija le informó que a su novio le había otorgado la Corona de España las tierras de Chosicón que eran inmensas y productivas y que le habían otorgado los títulos de Conde de Chosicón.

Finalmente el padre acudió pensando siempre en el futuro de su hija, pues sabía de los constantes riesgos en que vivía su raza antes los invasores dominantes españoles.
Es así como los padres de Dina y los padres de don Pablo San Román de Castilla, conde de Chosicón se pusieron de acuerdo y celebraron una de las bodas más sonadas de la época, a la que acudieron tanto hijos de la Corona Española como nativos de las tierras indias.

Partiendo los novios con rumbo a la casona del territorio de Chosicón, acompañados por una numerosa comitiva, felices los novios, ya que se acercaba su primera noche de luna de miel.

El corcel en que viajaban el Conde de Chosicón Don Pablo de San Román tropezó lanzándolo de la silla, rodando por un barranco profundo.

Don Francisco de Triana y Rivera despertó repentinamente, regresando a la vida, con una ansiedad y tristeza que no comprendía qué le había sucedido en esos treinta días de inconsciencia, pero que sentía como que no quería estar donde estaba y sentía ansiedad por algo que no alcanzaba a disfrazar, los médicos le dijeron que era efecto de las medicinas y que no se preocupara que pronto le darían de alta para que continúe su vida cotidiana…

SOL DE ORO







En un valle de abundante vegetación existía un rancho de una familia afincada en el, desde hacia varias generaciones, se dedicaban a la cría de vacunos y equinos, los pastos abundantes permitían la crianza en alta escala, las lluvias eran frecuentes en verano, los rayos, relámpagos y truenos muy frecuentes, el valle estaba rodeado de altas montañas, llenas de vegetación, el personal que atendía la crianza en el rancho era experimentado; entre ellos habían tres amansadores (especialista en domar equinos).

Entre todos los caballos (potros) existía uno que se distinguía por su alzada, imponente figura y por su indomable resistencia a ser montado, era un garañón majestuoso, querido por todos, por su acercamiento y agilidad para mostrarse, mientras no intentaran montarlo, muchos amansadores habían apostado a dominarlo, más no duraban muchos segundos en sus lomos, tenía una habilidad muy singular para deshacerse de los aparejos y monturas que lograban ponerle, no sin antes pasar por una serie de dificultades, provocadas por el cerril potro.

Los dueños lo veían como una animal especial para procrear, dado su porte, figura y fuerza, realmente era un semental de características especiales en su género.

Es así como ya habían pasado cinco años y “Sol de Oro”, así lo llamaban, había procreado en diferentes yeguas magníficas crías.






Su color era de un intenso rojizo claro brillante, su pelaje fue una de las razones por la que lo bautizaron como Sol de Oro, todos notaban su permanente acercamiento a los potrillos de los cuales era padre, como si tratara de educarlos y protegerlos, interviniendo cuando surgía alguna riña, era motivo de comentarios constantes entre los moradores y trabajadores del rancho Victoria donde se producía grandes cantidades de leche y los derivados de ella; se producía quesos, mantequilla, yogurt, etc.






En esos días el señor Amadeo Gregori, propietario del rancho, visitó otros ranchos buscando una yegua “de primera” como decía, para cruzarla con “Sol de Oro”, estaba seguro que procrearía unas crías excepcionales que le darían prestigio a su rancho.

Así, en uno de esos días lluviosos llegaron al rancho don Amadeo Gregori y sus trabajadores, arreando ganado y traían una potranca de tres años, según decían la madre era una yegua especial, de gran brío, bajo la lluvia, todos agotados, llamaban al personal para que los ayuden a arrear el ganado a uno de los corrales, que se encontraba vacío, pues no querían mezclar el ganado recién llegado con el del rancho, pues casi siempre se enfrentaban y podían hacerse algún daño.

La potranca recién llegada la habían traído enlazada, encargando especialmente a uno de los trabajadores para que fuera el responsable durante el viaje de traerla sana y salva, la potranca “Estrella”, así se llamaba, la hicieron entrar a uno de los corrales vacíos, colindantes con el que se encontraba “Sol de Oro”, la potranca al verse libre del bozal con que había estado durante todo el viaje, comenzó a correr al entorno interno del corral y a dar brincos de satisfacción, así lo consideraban los que la observaban bajo la lluvia torrencial, que no amainaba desde hacia algunas horas.

“Sol de Oro” al verla corrió hacia las barandas que limitaban el corral, erguido, relinchando, mirando a “Estrella” parecía llamarla para saludarla, algo así sucedido, pues “Estrella” se fue acercando, siempre desconfiada y nerviosa, para finalmente toparse hocico con hocico “Estrella” y “Sol de Oro”, bajo una lluvia intensa, el cielo se iluminaba por los rayos y relámpagos, los truenos eran ensordecedores, por lo que bufaban los vacunos, relinchaban los equinos, lo que no era impedimento para que “Estrella” y “Sol de Oro” se dieran leves mordiscos y pasaran sus lenguas uno sobre el hocico del otro, quizás haciéndose promesas que nosotros los humanos no entenderíamos, fueron transcurriendo las horas hasta que amaneció un nuevo día con un sol radiante.

Los mantuvieron así por espacio de tres días, solamente “Sol de Oro” era llevado a los pastos junto con la manada, pero siempre pernoctaba al lado de “Estrella” pegado a las gruesas barandas que los separaban, sin dejar de brindarse caricias mil.

Al tercer día de la llegada de “Estrella” al rancho, dejaron a “Sol de Oro” en el corral donde tenían a “Estrella”, al encontrarse juntos se prodigaron una serie de mordiscos y caricias, recorriendo sus cuerpos a mordiscos suaves y pasándose la lengua por sus cuerpos hasta llegar al clímax (como diríamos los humanos).






A los meses vino a este mundo un potranquito, fruto del apareamiento de “Sol de Oro” y “Estrella” superando toda expectativa, no separándose “Sol de Oro” de “Estrella” y su hijo bautizado como “Bronco” por su gallardo parar y su constante nerviosismo frente a cualquier situación de acercamiento a otros animales.






Todos comentaban la belleza y fortaleza de los tres equinos, cada uno decían de acuerdo a su edad y sexo.

Todo era felicidad para el trío, pero como dice la canción H.L. “nada dura para siempre” uno de los hermanos de don Amadeo Gregori, conocedor de la existencia de “Estrella” y “Bronco” como de “Sol de Oro” vino de visita al rancho de su hermano donde habían crecido los once hermanos, familia numerosa, todos ellos criadores de equinos y vacunos, comerciantes de ganado al fin y al cabo.

Después de una estancia de dos días, don César Gregori propuso a su hermano Amadeo la compra de algunas reses y equinos poniéndose de acuerdo en las condiciones y precios.

Como era costumbre entre la familia despedirse, con un almuerzo con la participación de la familia y los trabajadores, escuchando canciones propias del lugar, en una victrola a cuerda, de la época, con la participación de los instrumentos como la guitarra, el arpa y el violín, y algunos cantantes espontáneos estando en pleno desarrollo el almuerzo, don César Gregori le propone a su hermano Amadeo la compra de “Sol de Oro”, don Amadeo lo piensa y entre bromas y comentarios familiares le dice que era muy peligroso trasladar a “Sol de Oro” desde su rancho hasta el rancho de don César, siempre recordando la familiaridad, le propone que lleve a “Estrella” y “Bronco” su hijo y cuando este “Bronco” se destete, le devuelva a “Estrella” y así podría mejorar su línea de crianza.

Viendo César que iba a ser imposible convencer a su hermano Amadeo, aceptó la propuesta, quedando de partir con su gente al día siguiente muy temprano a las cinco de la mañana, sintió un movimiento intenso en el patio y los corrales del rancho preparando la partida de la gente de don César y el ganado que trasladarían al rancho de don César que se ubicaba a 300 km al norte, tenían que pasar por valles, quebradas y remontar cerros y laderas por lo que tenían que viajar armados y bien pertrechados de alimentos, pues la soledad entre esos parajes era total.

Partieron llevándose a “Estrella” y “Bronco”, “Sol de Oro” se quedó triste y por dos días no comió y solo parecía dormir tirado de bruces en el suelo, al tercer día pareció recuperarse y muy temprano como era costumbre junto con el resto de la manada lo conducían a los cercos, para que se alimentara como siempre, eran pocas las personas que arriaban el ganado y los equinos, ya que nunca había pasado nada fuera de lo común, pues eran bestias mansas que solo buscaban alimentarse, pero en este caso “Sol de Oro” en un recodo del camino comenzó velozmente a trepar el cerro lleno de vegetación, al principio los arrieros pensaron que algo lo había espantado (asustado) y que regresaría, no fue así, lo vieron casi coronando el cerro, tuvieron que continuar arriando los animales, tratando de calmarlos pues se notaba cierto nerviosismo, inusual por cierto.

Después de unos días de búsqueda todos hacía presumir que había huido a los pastizales de altura, donde los animales se alimentaban y vivían libremente, se comentaba que habían manadas de equinos y vacunos medios “locos”, decían, y solo podían cazarlos con disparos de carabina en el caso de los vacunos y los equinos era muy difícil cercarlos y amansarlos, por lo que nadie se animaba a realizar semejante faena.

Don Amadeo dispuso se esperara el próximo rodeo que se realizaba una vez al año, podría ser que “enmadrinado” (significa esto que siguiendo a alguna yegua podrían atraparlo).

Desde ya dispuso una buena suma de dinero de premio para el que lo atrape. “Sol de Oro” caballo inteligente, recorrió una gran distancia por esas inmensas llanuras, llenas de vegetación (pastos naturales) para luego dirigirse hacia el norte justamente donde quedaba el rancho de don César Gregori.

“Sol de Oro” caminó como si supiera donde encontraría a “Estrella” y “Bronco”, su hijo, durmiendo de día, oculto entre los arbustos para salir a los caminos y andar solamente de noche, hasta que llegaba un nuevo día. Demostrando una habilidad quizá increíble para los humanos, parecía que sus sentimientos hubieran despertado en él habilidades negadas para los equinos, según los humanos.

Es así como durante 4 noches caminó aún con riesgo de su propia vida, cruzando ríos y cañadas, subiendo y bajando altos cerros, escarpados algunos y otros llenos de vegetación, siempre evitando a caminantes o seres humanos fuera de día o de noche.

Al quinto día, bastante agotado llegó al rancho de don César Gregori, divisándolo desde las alturas, ocultándose para no ser visto pudo ver a “Estrella” y “Bronco” su hijo, quienes parecían presentir su presencia, pues en intervalos miraban a las alturas y nerviosamente se encabritaban sobándose sus cuerpos unos a otros.






Esa noche llegó “Sol de Oro” hasta los corrales donde estaban los equinos de la hacienda, unos 150 entre caballos, yeguas y potrancos, silenciosamente “Estrella” y “Bronco” se acercaron a las rejas de madera, pudiendo mordisquearse suavemente unos a otros, a modo de saludo.

Al día siguiente como era costumbre los arrieros llevaron a los equinos a un determinado cerco, para que se alimentaran, a eso de las cinco de la tarde arrearon a todos hasta el río para que bebieran agua como era costumbre, para ello debían salir del cerco y tomar un camino que bordeaba las bases de inmensos cerros llenos de árboles y vegetación, tanto “Estrella” como “Bronco” al llegar a una hondonada por donde corría el agua de lluvia bastante profunda, no siendo vistos por los arrieros, subieron por ella hasta encontrarse con “Sol de Oro” que estaba oculto, al verlo se acercaron a él lentamente como si no quisieran ser vistos, echándose enseguida, saludándose, esperaron que anocheciera, comenzaron a caminar hasta llegar a la cúspide y por ella siguieron hacia el sur, noche tras noche durante seis noches, llegando a los grandes pastizales a donde no llegaban los humanos,

Año tras año se hablaba en los rodeos, que existía una gran manada de hermosos caballos y yeguas todos los que a la distancia los habían visto aseguraban que quien los conducía era “Sol de Oro” que fiero se mostraba, parándose en dos patas cuando presentía que alguien los observaba a la distancia.

Y así han pasado los tiempos, logrando “Sol de Oro” constituir una numerosa familia (manada), lejos de los humanos, en los grandes llanos de nuestra cordillera, sin ser capturados nunca jamás, y así vivieron felices Sol de Oro, Estrella y Bronco…

martes, 3 de mayo de 2011

FABIÁN




PRESENTACIÓN

Los países de América del Sur son por excelencia exóticos y misteriosos, podríamos decir que en cada recodo de los caminos hay una historia por rescatar, un cuento por contar, misterios sin describir, sucesos inéditos, que hasta las grandes piedras en las alturas nos relatan algún suceso misterioso acontecido hace ya algunos millones de años.

En esta oportunidad daremos a conocer la vida, hasta cierto punto misteriosa de nuestro amigo Fabián; así se llamaba y así lo llamaban.

Han pasado más de cincuenta años que de un pueblo de la costa al sur de Lima a 400 km llamado Palpa, año a año en los meses de Diciembre a Marzo, meses de vacaciones, al producirse las lluvias en las partes altas de las cordilleras, los ríos “crecen” su caudal aumenta, por lo que se producen desbordes, causando grandes perjuicios a la agricultura y en algunos casos a las ciudades por donde va su curso, por lo que no es raro enterarnos por los medios de comunicación de desastres, año a año esto es como la gripe en invierno, dirían nuestros abuelos.

LA CASA HACIENDA

El caso es que de verano en verano viajaba al interior cuesta arriba, llegando a un pueblo de Ayacucho, llamado Ailapampa, a unos 2000 metros de altura, cuyas casas se alineaban en unos 800 metros a un solo lado, pues al frente se encontraban las “tapias” paredes altas de adobones, de 2mts de alto por 3 de largo, surcando huertas de propiedad de alguno de los residentes del lugar.

Existía una construcción de una casa hacienda de dos plantas, de propiedad de Don Francisco Degregori Chiessa, emigrante italiano, de los años 1800, construcción de paredes altas de adobones, según comentaban los lugareños, la que en su parte alta (segundo piso) tenía 8 cuartos (dormitorios) de 5mts de fondo por 4mts de ancho, teniendo un corredor cuyo piso era de madera, 2.50 mts de ancho, circundando por una baranda tallada de 1.30 mts de alto, dando seguridad en la planta baja (primer piso) un corredor amplio con pisos de madera, una baranda circundaba el corredor, una escalera de peldaños anchos y amplia daba al segundo piso, pegada a la pared que limitaba la casa, al otro extremo, una cocina amplia, con fogones a carbón y otro a leña, al extremo construcciones con cuartos amplios donde se guardaban los aparejos y monturas, riendas y otros implementos para los animales de carga y los caballos, a un extremo la puerta de ingreso, bastante amplia, que nos llevaba a un corral de más o menos unos 3000 mts2, donde pernoctaban las reses, equinos y vacas lecheras.

A todo lo largo, al frente de la casa principal, cruzando, un patio totalmente empedrado de unos 50 mts de ancho por 100 mts de largo, circundando toda la construcción mencionada 5 cuartos de un solo piso cuyas paredes no tenían menos de 5 mts de alto, que terminaban colindando en un portón que era por donde se podía ingresar a la gran casa, era un arco a 4mts de altura por 3 mts de ancho, toda esta arquitectura estaba techada de calamina, por lo que destacaba sobre todas las demás, al costado de la casona existía un amplio terreno, aplanado, de unos 3000 mts2, que servía para reuniones de diferente índole, festejos, misas, carreras, deportes propios del lugar y existía una escuelita para los niños del lugar. Todo el paisaje estaba rodeado por una cadena de cerros (brazo de la cordillera) llenos de vegetación, plantas de regular tamaño, propias del lugar, los cerros eran boscosos y de tupida vegetación con una altura de más de 1000 mts.

Las noches como en todo lugar donde no hay luz artificial, eran bastante oscuras, sólo cuando se intensificaban las lluvias los truenos y relámpagos ensordecían a los lugareños y se iluminaba el cielo, con la luz de los rayos y relámpagos, al costado de las casas existía una “Cangana” de lecho profundo por donde bajaban las aguas desde las alturas cuando arreciaban las lluvias, no era sino un río, cuyo cauce está marcado con profundidad en el cerro por donde bajan las aguas en caída libre de por lo menos 800mts de altura, hasta llegar al cauce del río que en muchos casos va tomando el nombre de su origen (Llauta) y luego el de la provincia por donde pasa, hasta llegar al mar para este caso se le denomina el río Palpa.

EL VIAJE Y AILAPAMPA

Es así como luego de cabalgar desde la ciudad de Palpa el primer día sólo se llegaba hasta un lugar llamado Tambo, donde las bestias descansaban y los viajeros también, que luego de haber cabalgado por esos caminos sólo para cabalgaduras llamados caminos (de herradura) muy accidentados por cierto, cruzando (vadeando) las aguas del río en dos oportunidades hasta llegar al lugar llamado Tambo, en muchos casos con mucho riesgo, cuando el cauce estaba cargado de agua o las lluvias habían arreciado en la sierra, aumentando el caudal del río, habían trabajadores del lugar que según decían eran conocidos por cruzar las corrientes de los ríos, llevando de la rienda a las acémilas dando mayor seguridad en el cruce, generalmente eran contratados cuando se trataba de damas o ancianos. Como decían, eran capaces de cruzar fuertes corrientes, con el agua al pecho, sin caerse, ni ser arrastrados por las aguas (se debe considerar que el fondo era pedregoso y accidentado).

Debo agregar que en una de estas oportunidades que teníamos que cruzar (vadear) el río, el volumen de agua era mínimo, pues las lluvias no habían comenzado aún, tendría 8 años y como es natural por ser resbaladizo el piso (las piedras) se prefirió apearse y dejar que las acémilas lo cruzaran sin peso y nosotros a pie, había que cruzar una pequeña corriente de agua, dando un salto de una piedra a otra, bastante voluminosas ellas y planas, lo que daba seguridad de poderlo hacer, supongo que por mi corta edad titubeé un poco y mi tío, Amadeo Degregori se llamaba, me tomó de los pies y de la ropa por la espalda y con voz sonora me dijo: agárrate; y meciéndome me lanzó, cayendo al otro lado, parado y seguro, ante los gritos de desaprobación de mi tía y primas, dijo: los muchachos son como el gato, siempre caen parados; y seguimos en nuestro curso y así eran más o menos 14 horas de viaje a caballo que se hacían en dos jornadas, pues se consideraba a las niñas y a mi tía, la esposa de mi tío que por cierto sentían el viaje mas que los varones y de noche era demasiado riesgoso continuar por lo accidentado del camino.

FABIÁN

Es así como se llegaba a la localidad de Ailapampa donde Fabián era un personaje singular, pues su caminar era lento, siempre acompañado de un palo (báculo), más alto que él, bien le servía como bastón, como para espantar algún animal que se le cruzara en el camino. Tenía una talla impresionante: 1.90 mts, pues siempre vestía un abrigo oscuro que lo hacía ver más alto y algo misterioso, vivía en una choza solitaria a unos 200mts en la falda de uno de los cerros de donde bajaba muy temprano en busca de alimentos, leche, queso, papa y cuanto las personas de buena voluntad pudieran brindarle, pues sostenía que él era el guardián de la zona y estaba para cualquier servicio de urgencia.

En muchos casos era un agorero en anuncios de acontecimientos, de enfermedades y hasta de muertes próximas de seres humanos o animales, decían que era bastante acertado.

Contaban que en una noche oscura, bajo de las alturas un puma hambriento que él logró reconocer y ante los ladridos de su perro Filpo, pudo verlo, siguiéndolo en su bajada hacia las casa y éste ingresó a una de ellas, ante el balido de una oveja pequeña que había perdido a su madre y la estaban amamantando, dentro de la casa, de inmediato sintió gritos, soltó a su perro que lo llevaba agarrado del collar, ingresando al recinto encontrando a la fiera presta a atacar a dos señoras que cubrían a la ovejita y el perro Filpo que ladrando hacía que el puma no embistiera, Fabián poniéndose entre las mujeres y la fiera con su perro Filpo al costado, Fabián enfrentó al puma, tomando la linterna con la que se alumbraban en la casa, la movía de un lado a otro, estirando el brazo de tiempo en tiempo para acercarla a los ojos de la bestia, ésta lanzó un terrible maullido, dio media vuelta y se fue hacia las alturas (es de suponer que la fiera entendió que la linterna era fuego, que podía quemarla) y así el prestigio de Fabián fue creciendo.

EL FANTASMA




Pues dicen que en una de esas noches lúgubres en que venía a hacer sus rondas nocturnas vio un bulto que parecía de un hombre sentado sobre una piedra, lucía vestimenta de militar, con una capa corta y que él se acercó, tratando de identificarlo lo tocó con su bastón, sintiendo que el bastón no encontraba resistencia corporal, volteando le preguntó con voz misteriosa: ¿Dónde está el general San Martín?; desapareciendo, mezclándose con la oscura noche, sintiendo Fabián un frio penetrante.

Contando esto a los lugareños comentaban que ya a otros se le había aparecido el mismo militar preguntando siempre por el General San Martín y como es natural se daban una serie de interpretaciones como que era un militar de grado que había muerto en soledad.

SALVANDO VIDAS

En una oportunidad, Fabián había tenido una intervención fortuita y hasta heroica decían los pueblerinos, pues como era costumbre las señoras del pueblito bajaban hasta el río a lavar sus ropas y así fue como una de las hijas que ayudaba a su mamá a lavar ropa, una chica de unos 14 años, cayó a la corriente y fue arrastrada, logrando ella llegar a un islote, que se encontraba casi al centro del río, desde donde desesperada pedía, llorando que la ayudaran, las señoras que presenciaron este hecho, gritaban pidiendo ayuda, siendo escuchadas por algunos lugareños que pasando la voz en el pueblo, llamaban a Juan a Pedro, Eustaquio, Ruperto, jóvenes que podían ayudar pues el brazo de agua que había que cruzar tenía mucha fuerza y el caudal por el otro lado era mucho más fuerte, todos se acercaban y temían entrar al agua, otros amarrados por la cintura lo intentaban y fueron arrastrados por la fuerza del agua.

Fabián y su perro Filpo se acercan al lugar del accidente y decide ingresar al agua con su bastón, tentaba el fondo e iba avanzando contra corriente, de costado, muchos lo miraron con incredulidad y hasta con sorna, les fue cambiando el semblante al ver que firme y sereno seguía avanzando, y su perro Filpo no dejaba de correr y ladrar yendo de un lugar a otro, hasta que Fabián llegó hasta donde estaba la chica, quien no cesaba de llorar, Fabián la consuela, pues ya estaba perdiendo la razón.

Fabián desde el islote pide que lleven a su perro hasta la parte mas alta y lo lanzaran al río, amarrándole una cuerda al cuello, delgada nomas, decía a gritos, que él la traerá a mí, y amarren otra más gruesa al extremo de la delgada para cruzar el río con la niña, gritaba Fabián, todos atentos pusieron la cuerda delgada a Filpo y trataban de hacer que camine hacia la parte alta, Filpo les mostraba su desagrado, mostrando sus filosos dientes, negándose a hacerles caso.

Fabián desde su posición estirando el brazo ordenaba a Filpo ir a lo alto y tirarse al río, el perro pareció entender y comenzó a caminar con la cuerda atada al cuello hacia lo alto, unos 200 metros más allá del islote, luego mirando el caudal del río hizo dos intentos, lanzándose al caudal perdiéndose de vista, tapado por el agua, apareciendo, mientras Fabián le gritaba, llamándolo por su nombre, Filpo comenzó a luchar contra corriente, nadando, mientras la corriente lo arrastraba, finalmente llegó al islote alborozado, se acercó a su amo, Fabián; parándose en dos patas, Filpo lamía el rostro de Fabián, este lo abrazó y acarició, luego comenzó a jalar la cuerda hasta tener la gruesa, la que siguió jalando hasta que calculó que era suficiente para la maniobra que había pensado ejecutar. A Filpo le armó un aparejo al entorno de su cuerpo, la que amarró a la cuerda gruesa y le ordenó que se arrojara al agua, a los de la otra orilla les gritaba que jalaran para ayudar a Filpo a cruzar.

Mientras, Fabián templaba el otro extremo de la cuerda, la que iba soltando mientras los de la otra orilla iban (cobrando) jalando la cuerda para si, evitando que la fuerte corriente arrastrara a Filpo hasta que Filpo que hacía lo suyo nadando contra corriente con la cabeza en alto, llegó a la orilla, siendo ovacionado por todos.

Todos alentaban a Fabián pues había comenzado a llover y podía aumentar el caudal de las aguas, ya Fabián había atado a la niña por la cintura y él también se había atado por la cintura haciendo que la niña se prendiera de su espalda y cruzara sus brazos por su cuello, firme y sereno comenzó a ingresar al agua, siempre con su bastón, iba tocando fondo lentamente fue cruzando contra corriente los de la orilla iban templando la cuerda (cobrando) por si Fabián resbalaba y así continuó hasta legar a la orilla, la madre que lloraba a gritos y todos los presentes saludaban y felicitaban a Fabián, agradeciendo su arrojo y valor, de pronto las aguas del río fueron aumentando y todos tuvieron presurosos que correr a ganar altura ante la crecida del caudal, cuando mojaron el islote este ya había desaparecido bajo las aguas del caudaloso río.

FABIÁN REALIZA UN VIAJE MISTERIOSO

Y así don Fabián, un personaje enigmático, solitario, no dejaba de sorprender a los moradores, pues en una oportunidad desapareció con su perro Filpo del lugar por casi un mes, los lugareños al no verlo lo fueron a buscar a su choza, pues pensaban que le podía haber pasado lo peor, y así fueron pasando los días hasta que lo vieron venir un día determinado, sucio, agotado, dijo venir de las alturas y que había caminado sólo muchos días, comiendo frutos de las alturas y hasta vegetales naturales, había tomado agua en las cochas formadas por las lluvias donde los animales salvajes beben y así en todo momento sintió que a su lado habían muchos más pues parecía que todos esperaban que él caminara para seguirlo, dijo.

Según él todo comenzó cuando por buscar leña (palos de plantas silvestres) que le sirvieran para hacer fuego y cocinar, luego de subir por más de dos horas cuesta arriba, resbaló y cayó rodando hacia una hondonada, de pronto le pareció que flotaba avanzando por un túnel oscuro, sin poder detenerse, pues todo estaba tan oscuro, silencioso y frío que se aferraba a su bastón y a Filpo para protegerlos, olvidando su rara posesión, escuchaba ruidos ininteligibles, sin poderlos identificar y Filpo no dejaba de soltar un aullido débil, prolongado y lastimero; de repente sintió caer y rodar por una pendiente, terminando tendido de espaldas mirando el firmamento lleno de estrellas y una luna llena que le permitía cierta visión, brindándole confianza, aunque no sabía en el lugar en que se encontraba pudo apreciar a algunos animales pastando (reses) pues el pasto era bastante alto y abundante, luego de unos minutos tomó la decisión de dormir en el mismo lugar, hasta que amaneciera, para poderse orientar.

Lo despertó un fuerte sol, tomó su vara y comenzó a caminar tratando de bajar a lugar más plano, Filpo ladraba y se encaminaba cuesta arriba, él lo llamaba pero Filpo insistía en ir adelante.

Se puso a meditar y sintió a su entorno cierto alboroto casi imperceptible y así se acercó a Filpo para tratar de convencerlo que lo siguiera, logró calmarlo pero Filpo siempre caminaba delante de Fabián, pues parecía temer algo, que los seguía.

Insistió en traerlo a Filpo, pero no cedió en su empeño de ir cuesta arriba, avanzando corto trecho, se paraba, ladraba y seguía, lento, siempre mirando a Fabián, y así caminaron todo el día hasta que llegó la noche, hambrientos y sedientos buscaron donde pasar la noche, en la falda del cerro; incrustada en el cerro vio una enorme piedra sólida y fuerte, cuya cresta proporcionaba una cavidad donde podían cobijarse él y Filpo, y así lo decidió Fabián, sintiendo a su entorno un ambiente calmo y algo misterioso.

Así pasó la noche, al día siguiente siguieron caminando y llegando a un camino que se veía usado con continuidad y decidió pasar la noche en el, como era bastante escampado y la tierra era arcillosa y suave, escarbó un hoyo no muy profundo y al borde lo rodeó de piedras y hierbas para cubrirse del aire y el frió, así pasaron la noche, al aclarar el día vieron a un viajero que venía a caballo, con dos acémilas con carga, Fabián le preguntó a dónde se dirigía; le contestó a Ocaña, un pueblo que Fabián sabía era distante.

Fabián le dijo que estaba desorientado, sin mencionar nada de lo que le había sucedido por suerte el viajero conocía muy bien todo el territorio, orientándolo para que continuara su camino.

Viéndolo sin alimento ni agua le regaló un molde de queso, cancha y agua en un odre pequeño (depósito de cuero) y así se despidieron deseándose suerte.

Así pasaron muchos días y noches, siempre acompañados de un tropel abstracto, Fabián sentía su presencia, más no los veía y Filpo su fiel perro, prefería ir delante de él, cabeza gacha y cuando miraba hacia Fabián (atrás) soltaba aullidos lastimeros.

Fabián comenzó a sospechar que fuera lo que fuera había caído con él y querían regresar tanto como él, al lugar de origen acostumbrado ya, lo tomó con calma, seguro que llegaría en pocos días más, pues en el camino se encontró con unos arrieros que le confirmaron que iba en la dirección correcta y le proporcionaron alimentos y así después de 30 días de caminar durmiendo en las noches, llegó finalmente al pueblo de Ailapampa, sin poderse explicar que pasó, y cada vez que les refería esto a los lugareños, por las miradas de sorna y las burlas que le hacían, se prometía a sí mismo no volverlo a contar.

DESAPARICIÓN DE FABIÁN

Es así como a mi corta edad conocí a este enigmático personaje, más nunca se supo de él, pues nadie lo vio morir y menos participaron de su velorio.

Sólo quedan algunos vestigios de su vivienda bastante deteriorada por el tiempo, las lluvias y los vientos.