viernes, 21 de enero de 2011

EL TREN EN LA CIUDAD


En los años 1975 – 1976, trabajaba en el transporte público de pasajeros –en la ruta 61M… desde La Perla, Aeropuerto, Panamericana Norte, hasta el Estadio de la U, Lima (Breña) paradero final.

Para entonces el transporte público de pasajeros en el Callao ya había sufrido los cambios de vehículos de acuerdo a las proyecciones (antojos) y conveniencias de los funcionarios del Ministerio de Transportes (era el que tenía la administración del servicio público del transporte) gobernaba para entonces el general Velasco Alvarado.

Es el caso que el transporte público en la Provincia Constitucional del Callao, en los años 50, 60, 65, se efectuaba en automóviles (colectivos) tanto en el servicio urbano como en el interurbano (Callao – Lima) tomando la decisión los técnicos del transporte, pues existía el mismo caos en el transporte, que hoy 2011 existe, era necesario que los autos fueran reemplazados por unidades de 12 pasajeros (a los que llamaban micros, hoy los llaman combis) este proceso tomó algunos años en Lima y el Callao.

Ya en 1970 se comenzó a presionar a los transportistas de turno para que sus micros, (hoy combis) se convirtieran e unidades más grandes 20, 21, 27 pasajeros, en el año 1974 el gobierno del general Velasco decide traer 2,000 micros de una capacidad de 20 a 27 pasajeros de marca Dodge (D-300 y D-500) y así se impuso este criterio.

En los años 80 al 90-95, nuevamente se exige que el transporte público de pasajeros se efectúe en las conocidas “combis”, 12 pasajeros, que durante el gobierno de Fujimori significó un gran negocio para pocos importadores, que hicieron “su agosto” en este gran negocio de venta de “combis” usadas (viejas) para el servicio público, coincidiendo con los despidos masivos (dejaron sin trabajo a miles y miles de familias) muchas de ellas vieron en el transporte público de pasajeros una tabla de salvación, perdiendo todo en esta aventura, que siempre es invertir en el transporte público de pasajeros, pues bien hoy en el 2011, nuevamente los administradores del transporte público de pasajeros (hoy son los Municipios Provinciales) disponen cual dictadores, mediante estudios, dicen que los servicios de transporte público de pasajeros deben hacerse en unidades no menor de 20 pasajeros, nuevos o casi nuevos y que los miles de unidades (micros chicos) salgan obligatoriamente de circulación en el servicio público de pasajeros y comienza nuevamente el gran negocio de la compra – venta, de unidades grandes y las seudo empresas existentes, comienzan a adecuarse al gusto de los ufanos administradores del transporte público de pasajeros cuanto durará este “gustito” no se sabe, todo lo relatado pareciera un trabalenguas o una papa verde en la garganta de algún comensal pero así es la historia del transporte público de pasajeros Lima – Callao y hoy año 2011 para los administradores del transporte masivo, los colectivos y los taxi-cholo, no existen y eso que son miles los que van convertidos en corsarios puesto que la autoridad los ve, los usa, pero no los registra ¿Quién o a quienes conviene esta aptitud de las autoridades? Es una incógnita por resolver.

En este marco de sucesos se ubica el relato que a continuación efectuó.

Manejaba un micro D-500 lleno de pasajeros en el año 1976, iba en la Ruta de la Línea 61-M en dirección del Callao a Lima, subía por la Av. Argentina, tomé la Av. Faucett, con dirección al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en el cruce que hasta hoy existe (año 2011), entre la Av. Faucett y la línea del tren, el tren venía de Lima con dirección al Callao, como dije, el micro venía lleno de pasajeros, unos venían parados, otros sentados, la algarabía era disonante y estruendosa, dicharachera, entre bromas y risas, llantos de algunas criaturas, era un cúmulo de alegría y risas.

Pues como dicen, en cada caso único (pues no era normal el comportamiento de los pasajeros ya que no siempre hacen tanto ruido) hay un presagio bueno o malo, casi nunca se sabe hasta que los hechos lo demuestran.

Es así como siento en mi rostro un calor inusual, una brillantez clara e intrusa, girando mi cabeza veo la poderosa figura de una locomotora de tren, que a velocidad venía a embestir el micro que manejaba; hasta hoy no estoy seguro si estaba la locomotora demasiado cerca para evitarla o realmente tenía el tiempo suficiente para cruzar, lo cierto es que el público lanzaba gritos de diferente índole, parándose de sus asientos, apresurándose en tirarse al lado opuesto de donde venía el tren, como queriendo evitar ser los primeros en ser impactados.

Podría decir que tuve pánico, miedo o que algo inusitado me rodeó, permitiéndome tomar una decisión, acelerar el vehículo antes que parar y cruzar ante el tren en décimas de segundos, evitando el impacto, que hubiera sido fatal para todos; puesto que paramos unos 70 metros más adelante la locomotora y sus casi 20 vagones cruzaron a velocidad, la Av. Faucett, perdiéndose a la distancia y hasta hoy no exista nada que garantice la vida de ningún ciudadano al paso de un tren, pues el criterio pareciera que es el que se cruza en el paso del tren tiene y debe morir y que nadie se oponga a este designio, pues no hay responsables, cuando el tren mata y destroza a un ciudadano. Porque de repente resulta demasiado oneroso mantener tranqueras, señalizaciones o algo que evite matar a un ciudadano ¡Amén!.

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