lunes, 25 de noviembre de 2013

UN PACTO QUE NO TENDRÁ FIN NO PACTE O TENDRÁ QUE CUMPLIR EL PACTO… DICEN…


INTRODUCCIÓN

El destino de los seres humanos como muchos sostienen, los construimos cada uno de nosotros, como dirían otros, es cuestión de voluntad y genio, finalmente podríamos decir, que este, se construye, en ciertos casos, por coincidencias, o porque alguien se cruza en nuestro camino de la vida, para bien o para mal. Ud. Podrá finalmente al terminar de leer este relato si fue para bien o para mal.

PREÁMBULO

Es el caso que por allá en los años 1800 y tantos, en un pueblo ubicado en una encrucijada donde Vivian aproximadamente unas 3, 000 personas donde comienzan cadenas de cerros que se van elevando mas y mas, camino al centro, a pocos kilómetros esta el mar con sus playas acogedoras, y, ruidosas, al chocar las olas con los peñascos, en sus noches oscuras, calurosas en los veranos, con inviernos fríos, con un cementerio donde descansaban habitantes ya fallecidos desde hace cientos de años y otros no tanto.

Sus gentes se sentían mas seguras no saliendo a las calles en altas horas de la noche, como en todo pueblo, se contaban cosas y cosas, del pasado, algunas muy tenebrosas, otras no tanto pero la oscuridad llamaba a temer, es así como:

RELATO 
Un ciudadano José hombre, asambado, de unos 30 años de edad venido no se sabia de donde, tomador empedernido, caminaba las calles vociferando incoherencias, ya para las beatas era un condenado, por uno y mil pecados, dormía donde el sueño lo vencía, trabajaba para todos y ninguno, mas hacia mandados, que trabajos fuertes o permanentes y lo llaman José “el pobre” bautizado así, nadie se preocupo por conocer sus nombres, era bastante fuerte y físicamente hablando de 1.90 de estatura.

En una noche de esas, oscura como ninguna, embriagado caminó y caminó, trepando por la falda de un alto cerro, árido, donde corrían vientos fuertes y fríos, resbalando fue a dar al suelo, salvando su botella, llena de licor brazo en alto, recostado sobre una piedra NEGRA, pues decían era el asiento del diablo siguió bebiendo, dice para calentar el cuerpo, maldiciendo su pobreza, y los dolores que le producían las múltiples magulladuras que tenia en el cuerpo, y algunas sangraban ya, observando la roca negra y lustrosa la que se encontraba talladas figuras terroríficas con diablos y demonios, gritó a voz en cuello, “Yo soy el diablo, esta es mi roca”, seguidamente atragantándose bebió todo el licor que le quedaba como decían era un pisco puro de uva, otros decían era puro alcohol. En eso apareció un energúmeno, con una barra de fierro ardiente en sus manos, gluturando palabras resonantes y roncas, le dijo “José el pobre” que quieres, este, asustado de tamaña aparición dio unos pasos y rodo por los suelos, el aparecido lo cogió por sus ropas, lo arrastro y tendiéndolo al costado de la roca, se sentó frente a el en la roca le hablo cara a cara botando por sus fauces un olor a “demonios” José el pobre se puso a lloriquear y pedir perdón, a suplicar que lo dejara ir, el aparecido  no era sino el mismísimo demonio, lo dejo, tranquilo, y le dijo yo te protegeré, te hare el hombre mas poderosos y rico de esta comarca, tendrás todo cuanto quieras, solo tienes que comprometerte a recorrer el pueblo, montado en el mejor caballo que te daré, todos los sábados, del año desde las 10 de la noche hasta la 1 a.m el caballo llevara una campanilla en el cuello la que anunciara tu paso, no temas nada pues yo estaré siempre contigo, y, nadie podrá hacerte daño, todos te respetaran y a todos les darás lo que tu quieras.

José “el pobre” sin creer aun en lo que oía y menos aceptar que estaba frente al mismísimo “diablo” le dijo quiero una botella del mejor pisco de la región, apareció en su mano una botella de pisco, llena, probando el licor a tragantadas, “José el pobre” acepto diciéndoles, si cada vez que quiera un pisco me vas a dar uno como este “acepto”, y así sellaron un pacto que al despertar, tirado en la falda del cerro árido, con un sol tremendo sudando como potro desbocado, comenzó a recordar lo pactado, con el “diablo” que lo aceptaba como una pesadilla, y con una cruda que parecía, hacerle estallar la cabeza, bajo del cerro al pueblo, se miro, y, se vio limpio, perfumado, zapatos nuevos, metió su mano en el bolsillo derecho se encontró con monedas de plata y oro de esa época, fue a una casa de pensión donde jamás pensó entrar y solicito un cuarto, con luz y agua, pago por una semana, comió hasta saciarse y luego se fue a dormir por primera vez en una cama, con sabanas limpias, pensando, si seria verdad que trato con el mismo diablo.

Al día siguiente se levanto, miro al costado de su cama habían dos petacas de cuero, amarradas, desato una de ellas, estaba llena de soles de plata y la otra monedas de oro, ese día se quedo en la cama hasta las 3 de la tarde, cuando le tocaron la puerta, anunciándole que lo buscaba un criador de caballos, que traía un caballo negro brilloso como ninguno, con apariencia de primera, riendas de cuero y plata, estribos y espuelas de plata.
Presentándose le dijo “su mensajero me encargo que le trajera el mejor caballo que tengo, con su aparejo completo salió a la vía, viendo el imponente animal totalmente aparejado aprecio las riendas, la montura y las espuelas luego le cancelo el precio solicitado en monedas de oro y plata.
Al anochecer llego a la pensión, un conocido, hacendado del lugar, ofreciéndole en venta sus terrenos, que eran de 70 fanegadas de tierras productivas colindantes con el pueblo, que quien lo enviaba había aceptado el precio, que, le mencionaba 100,000 soles de plata ingreso a su cuarto del hospedaje y encontró dos petacas de plata mas, conteniendo s/50.000 monedas de plata c/u; y así, firmando el recibo correspondiente se estrecharon las manos en señal de conformidad, el vendedor, lo invitó a que lo acompañara, para que tomara posesión de la casa hacienda y los terrenos y así fue como, ya dueño de una hacienda, con personal y todo, poseedor de un magnifico corcel, se acordó que el día siguiente era sábado.

A las diez de la noche del día sábado, el señor José cogió su caballo, el que vino con campanilla de oro, paseándose por el pueblo ofreciendo, ayudar, a unos darle el trabajo a otros, bajando de su hermoso caballo, en ciertos negocios invitándoles tragos a unos, comida  a otros y “así” se cumplió el primer compromiso de un día sábado de 10 a 1 a.m.

Pasaron los días, fue como llaman en las provincias, año de pocas lluvias en la Sierra, el agua temporal; no fue abundante, no pudiendo regar totalmente las 70 fanegadas, compradas, y, mas bien se avizoraba poca producción, y escasez de agua, cuando una de esas noches se le aparece “el aparecido” bien vestido de Frack y todo, y le dice Pedro, porque no me llamas y dejas de estar preocupando, en este mismo momento parte de tus tierras se están anegando, pues, esta brotando caudales de agua, del cerro, construye una laguna y no te faltara agua en todo el año, compra reces y construye establos, pues serás el “rey de la leche en la comarca” y así Pedro compro reces, ya lo llamaban “el rey de la leche” y siguió comprando terrenos llegando a tener cientos de fanegadas, casas, cría de caballos de raza, siendo siempre generoso con todos los habitantes del pueblo, construyo una planta desmotadora de algodón, una de las mas modernas del país, una fabrica de fideos, embasadora de gaseosas, finalmente un sinnúmero de vehículos de transporte de la época, regalo al pueblo vías empedradas, veredas de losetas importadas, sala de exhibición de películas; y así se fue transformando en una leyenda y nunca dejo de pasearse por el pueblo a caballo los días sábados de 10 a 1 a.m.

Todos los habitantes que se cruzaban con el lo saludaban afectuosamente, pues siempre estaba dispuesto a solucionar todas las carencias del pueblo y sus habitantes, cuando cumplió 100 años de edad, dicen desapareció no se ejecutó sepelio alguno y no falta quienes dicen haberlo visto montado en su imponente caballo negro, aun en nuestros días pasea por el pueblo… cumpliendo aun su pacto… 

miércoles, 29 de agosto de 2012

LA HIJA DEL SOL - LA DIOSA ENCANTADA




En una época ya lejana, en las alturas de nuestra cordillera, donde el hielo abundaba y el frío era intenso, vivía en un valle muy profundo, tan profundo que el clima, conforme se descendía a él, cambiaba hasta llegar a ser caluroso, por lo que su vegetación era muy variada. Las noches eran muy oscuras, en el fondo del valle El Misterio se sentía.

Discurría un río con abundante de aguas cristalinas, que con los rayos del sol parecía un espejo, pues reflejaba luz blanca e intensa.

Asimismo, la fauna era abundante, especies de una muy numerosa variedad y se podían escuchar cánticos muy tristes así como alegres, que hacían vibrar el espíritu al compás de los cánticos que se escuchaban.

Los colores de las aves eran tan variados como relucientes y con unas combinaciones de colores tan perfectas, en cuanto a la vista de quienes podían apreciarlas, que provocaban alegría infinita y deseos de contemplarla sin moverse por horas.

Existían ciertas caídas de agua en el recorrido de su río, que semejaban mechones de largas cabelleras, de acuerdo a la hora del día en que se apreciaban cambiaban sus colores cual arco iris, deslumbrando a quienes podían verlas.

No faltaban algunos animales rastreros y bichos que marcaban la grandeza del lugar como acogedora generosa y religiosa.

Los lugareños que vivían en caseríos y pequeños poblados cerca al valle discreto, afirmaban que en él sólo vivía una dama muy hermosa y misteriosa, de cabellera larga, de vestidos largos y vaporosos.

Se comentaba que era una extraordinaria curandera visionaria, que conocía a la perfección las facultades curativas de la gran variedad de plantas silvestres que pululaban en el valle, como en las alturas que lo circundaban, manteniendo un verdor permanente durante todo el año, así como una inmensa variedad de colores, sea por las flores o las propias plantas, que solo en esa zona crecían.

Los árboles frutales eran tan abundantes como la gran variedad de plantas.

A ningún lugareño se le ocurría bajar al valle para vivir en él, pues se decía que quienes lo habían intentado, luego de un tiempo nadie sabía más de ellos.

Se contaba en los pueblos cercanos que cuando los pueblos de América fueron esclavizados, el señor inca, gran monarca, dueño de vidas y vastos territorios, generoso con sus súbditos, cazador y gran guerrero, al ver diezmado sus ejércitos, pudo llegar de retorno a su palacio, efectuando un rito en la profunda cueva del valle, donde moraban los dioses, vertiendo su sangre a gotas durante tres días, para que salvaran los dioses a su hija Dina, princesa de la comarca, única heredera de todas sus propiedades, desde la parte más alta de la cordillera hasta el confín más profundo del mar.

El dios Sol consultó con su esposa y sus hijos, quienes moraban allá en el infinito, quienes condolidos por la pérdida causada por los invasores, rompiendo su compromiso con los humanos decidieron comprometerse a salvar la vida de la diosa Dina, a cambio de que cuidase su virginal cuerpo y si decidiera perderla, concebiría una hija que así perpetuaría su raza por los siglos de los siglos.

Dina, Hija del Sol, a quien se le consideraba una diosa, hija del rey (monarca – inca) de sangre real perpetuó su existencia hasta el momento en que iniciamos nuestro relato, pues quienes la habían visto, referían que se trataba de una bellísima mujer, alta, de un rostro lozano y hermoso, con unos ojos grandes y bellos, que siempre vestía a la usanza de sus antepasados, con faldones largos y transparentes y de bellos colores, un busto prominente, un cuerpo, dirían, voluptuoso, de un caminar suave, ágil, su perfume, decían, se esparcía por todo el valle, pues era muy singular.

Muchos la temían y otros la adoraban, pues decían, podía curar todo mal, salvando vidas, en el transcurso de los cientos de años ya transcurridos.

Juan, hijo del monte, de la alturas, gran jinete, hijo de uno de los hombres más ricos de la región, era, decían, un gigantón, fuerte y bien proporcionado (como si fuera un deportista moderno) acostumbrado a los viajes largo, a caballo, por las alturas, durmiendo donde la noche lo alcanzaba, hombre de carácter fuerte, noble en sus actos.
Juan, tenía ya cinco días de camino en una sola dirección, como si algo lo empujara a un destino determinado, sabía que se había alejado de las propiedades de su padre, hombre con una regular experiencia, pues ya había cumplido los treinta años de edad y se sentía solo pero feliz, pues podía hacer lo que más le gustaba, la aventura, los viajes a uno y otro confín.

Llegando así a ir pasando por el borde del valle El Misterio, siendo ya la hora del crepúsculo, su caballo Sol de Oro tropezó, se fue de bruces y rodó cuesta abajo, deslizándose caballo y jinete hasta un andén que permitió detener su caída, sabe Dios con qué consecuencia, quedando inconsciente; durante toda la noche el noble corcel permaneció a su lado, comiendo las hierbas que a su entorno habían.

Por la mañana muy temprano, como era costumbre de Dina, salió de su casa que por cierto era impresionante, con un corredor al frente de ella, donde pasaba largas horas, pudo divisar el corcel que permanecía de pie al lado del jinete caído, quien comenzaba a quejarse por los fuertes dolores que le producían las lesiones sufridas.

Dina, un tanto por curiosidad, como por resentimiento de su autoridad, llamando a sus dos perros guardianes, comenzó a escalar hasta llegar donde se encontraba el jinete herido y su caballo, al verlo sintió cierta ira, dominándola la curiosidad y sus sentimientos que en el momento no los tenía claros.

Acercándose al herido comenzó a pasar sus manos por todo su cuerpo, sin siquiera rozarlo, mostrando su rostro cierta ansiedad, en ese instante, Juan, sonriendo ante la presencia de tan bella dama, olvidando sus dolores por un instante perdió la conciencia al instante, Dina con ademanes y órdenes verbales, hizo que sus perros se quedaran cuidando al herido, regresando a su casa presurosa, regresó al lado del herido con unos vendajes, pócimas y brebajes.

Ya al atardecer, el herido recuperó el conocimiento, sus dolores eran poco intensos y así, con la ayuda de Dina, pudo subir al caballo desde un promontorio, así fue descendiendo a paso lento, tomando Dina las bridas, vino guiando al caballo hasta llegar a la casa, cuando ya caía la noche. Con ayuda de Dina, Juan pudo bajar del caballo, claro que también los brebajes y los emplastos puestos sobre el cuerpo de Juan cumplieron su función de sanación, no en vano Dina tenía fama de ser la mejor curandera de esas tierras. Todos decían que era una Diosa Encantada.

Luego de cinco días de contar con las atenciones de la diosa Dina y sus recetas mágicas, Juan volvió a la realidad.

Juan sintió que alguien ingresaba a la pieza en que se encontraba descansando desde hacía cinco días, tenía ya como unos veinte minutos que trataba de recordar y saber dónde estaba, pues sólo tenía presente que caía de su caballo a un precipicio, no creía estar vivo, por lo que observaba cada madero, cada piedra, cada detalle, tratando de recodar y reconocer algo, mas todo era extraño y desconocido para él.

Sólo sentía un perfume suave, agradable y fresco en el ambiente, que le producía cierta alegría inexplicable, cuando quiso mover una de sus piernas sintió dolor y entumecimiento, tenía una rigidez total en el pecho y el hombro, sentía como si una mano gigante y poderosa lo atenazara, sólo pudo correr su cuerpo un poco sobre su cama, con gran esfuerzo.

Cuando de pronto se abre la puerta que tenía al frente y la luz  que ingresaba dibujaba una figura de mujer alta, entre lo vaporoso de sus ropas, al caminar parecía una figura de encanto, nada terrenal, más bien celestial, conforme se acercaba fue distinguiendo un bello rostro con una sonrisa casi celestial que lo cautivó de inmediato, más aún un olor indescriptible, con un aroma casi por demás agradable, lo que hizo pensar a Juan que se encontraba en el cielo y que la mujer que se acercaba era un ángel, pues a pesar de sus dolores y rigidez, pudo preguntarse: -¿dónde estoy?, por respuesta recibió una pregunta: -¿te sientes bien?.

Él ya, sin tener la luz que le daba directamente a la cara, pudo apreciar el bello rostro y el hermoso torso de su interlocutora, tenía una sonrisa que lo embriagaba, dulce e infinita.

-¿Dónde estoy? ¿Cuánto tiempo tengo aquí? ¿Qué me pasó?, seguía Juan preguntando.

Sonriendo y más bien con mucha familiaridad, Dina le respondió: -Eres mi paciente, pues sufriste una caída de tu caballo y te encuentras en plena recuperación, hace cinco días que estás en mi casa, mi nombre es Dina.

Como Juan la mirase extrañado le dijo: -más me conocen como la diosa encantada y estás en el valle El Misterio, esta es mi casa y usted está en mis tierras.

-Usted no parece ser de por acá, por lo que observo, debe tener usted propiedades y venir de muy lejos, su caballo es de buena raza.

Juan contestó: -si, no sé qué pasó, he cabalgado cinco días, pensé que estaría llegando a mis tierras, mi caballo estaba muy cansado por eso cayó y rodó, yo perdí el conocimiento, no sé cuánto tiempo ha pasado, ¿usted lo sabe?.

Dina le dijo que no se preocupara, que tenía cinco días en su casa y que pronto sanaría, pero debía permanecer en cama unos días más.

Él la miró, Dina le tocó la frente con una de sus manos y con la otra tocó su rostro, Juan perdió el conocimiento pues aún estaba muy débil, Dina trajo un brebaje y tomando la cabeza de Juan hizo que bebiera, luego frotó su cuerpo con un líquido verdoso y unas hojas frescas, lo cubrió con unas mantas, retirándose sigilosamente.

Al día siguiente ya el sol había alcanzado el fondo de la quebrada, pues su luz alcanzaba a ingresar a la pieza de la casa donde Juan descansaba, quien despertó ya totalmente lúcido, viéndose cubierto de hojas, trató de limpiarse e intentó levantarse, los dolores que sintió fueron múltiples y agudos, dejándose caer en la cama, mirando cuanto podía comenzó a meditar sobre su permanencia y nada tenía más claro que la figura de una hermosa mujer y un rostro angelical.

En ese instante se abrió la puerta, ingresando la mujer que él pensaba que era sólo su imaginación, la que traía a su mente, pues pensó “Juan”, todo es verdad, ella es la que me atendió”, levantando el torso sobre sus codos, cuando vio cerca a Dina le preguntó: -¿quién es usted?

Ella respondió: -ayer te dije quién soy, soy Dina, más me conocen como la “diosa encantada”, casi no salgo de mis propiedades, vivo aquí desde que tengo uso de razón y no permito el ingreso de personas desconocidas, siempre he vivido sola y así será siempre, en cuanto puedas caminar debes irte.

Juan, dejándose caer en la cama dijo: -te agradezco tus atenciones, pero ¿quién atendió mis heridas?, pues ya casi todas han cicatrizado y me siento curado, quisiera conocerlo para agradecerle sus atenciones y pagarle en cuanto pueda todo lo que él considere.

Dina acercándose a él le dijo casi al oído: -ya te dije que soy curandera, aquí vivo sola y sólo porque estabas mal te he permitido quedarte, pronto te sentirás bien y deberás emprender tu viaje.

Dina salió y regresó con unos menajes, con agua caliente y unas hierbas dentro de ella y le dijo a Juan que lo ayudaría a levantarse para que se asee.

Acercándose a él lo tomó por el costado, poniendo Juan su brazo al entorno de su cuello y hombros, se fue acercando al borde de la cama, apoyando sus pies en el piso hasta quedar sentado, Dina lo animaba diciéndole que no se preocupara, debía de pararse.

Juan, más que dolor se sentía totalmente embriagado, no podía razonar, pues al sentir el roce de su piel y la fragancia que emanaba de Dina y ese calor infinito que lo invadía, que ingresaba a su ser, sintiendo una felicidad infinita.

Dina lo tomó por la cintura y le dijo que se levante –tú estás bien. Y con voz suave pero firme le dijo: -te lo digo yo.

Y fue como si recibiera una poderosa orden y se puso de pie, siempre tomado por Dina de la cintura, llegando hasta el recipiente lleno de agua tibia de color azul, que se encontraba sobre un pedestal.

Dina comenzó a lavarlo haciendo que se agache, le fue mojando la cabeza, los brazos, hasta que Juan comenzó a lavarse solo, se mojaba la cabeza, el rostro, una y otra vez, tratando de ordenar sus ideas, sin conseguirlo, finalmente secándose se irguió totalmente mirándola quiso hablar, pero Dina le dijo: -No digas nada, regresa a tu cama que ya hablaremos más tarde, pues tengo que salir a buscar algunas hierbas y tierra de la cueva de las lechuzas para curarte.

Se retiró y él la siguió con la mirada, su cuerpo cimbreante y tan suave, ágil, al caminar lo trastornaron aún más.

Juan no recordaba haber visto una mujer tan bonita y menos tan firme en sus actos y palabras, tan dulce, pues las horas se le hicieron siglos, hasta que sintió que regresó.

Juan, que se encontraba echado, se levantó con no poco esfuerzo y salió hasta llegar al corredor que tenía la casa a todo lo largo, saliendo Dina detrás de Juan invitándolo a sentarse en uno de los “poyos”, así se llamaban a unos asientos rústicos, los que combinaban con muebles de madera tallados, quizás de mucha antigüedad. A la sombra había una frescura muy agradable, el sol ya se ocultaba pues la altura de los cerros y la abundante vegetación hacían que a horas tempranas la luz del sol no llegara.

Dina se sentó al lado de Juan y le dijo: -desde este lugar divisé tu caballo parado, esperé y no se movió, por lo que decidí subir la ladera hasta llegar y pude verte, tirado en el suelo, inconsciente, no sabía cuánto tiempo tenías en el lugar pero por las huellas supuse que tú y tu caballo se habían deslizado desde el camino, te vi golpeado y te atendí hasta que diste muestras de recuperación, pero tenías varias fracturas, golpes y heridas que traté de aliviarlas con ms manos, logrando que pudieras subir a tu caballo y te traje a la casa, pues veía que no podías seguir tu viaje.

Juan le dijo que le agradecía todas sus atenciones y le preguntó si vivía sola, Dina asintió con un gesto y él le preguntó por qué.

Dina le dijo que hacía muchos años que vivía en el lugar y que no necesitaba ayuda, todo cuanto necesitaba lo tenía y le pidió por favor que no insistiera en preguntarle sobre ella, que creía que era un hombre bueno y que cuando se sintiera bien debía seguir su viaje.

Juan le respondió que así sería, pero que quería saber dónde estaba. Dina le respondió que se encontraba en un valle entre los ríos Colca cerca al Cañón del Colca que a la derecha estaba el Cuzco y a la izquierda, Arequipa. Juan se quedó pensando, él sabía que venía del Cuzco

Y le parecía imposible estar cerca a Arequipa, sintiéndose afiebrado y débil, trató de pararse para ir a su cama, tuvo que sentarse precipitadamente, Dina al darse cuenta de su estado se acercó y lo ayudó a ir a su cama, para luego, traer unas frotaciones y vendas, hizo que Juan tomara unos brebajes calientes, quedándose profundamente dormido.

Al día siguiente despertó sobresaltado, recordándolo todo, se vistió y buscó a la mujer que lo había atendido, mirando por el costado de la casa la divisó junto al lecho del río que discurría al fondo, a unos cien metros, y así Juan inició el descenso hasta llegar al lado de Dina, que se bañaba en las aguas calmas que tibias discurrían. Al verla pararse desnuda él retrocedió y se hizo notar, ella se cubrió con una manta grande, cubriendo todo su cuerpo, Juan sintiéndose acalenturado, bastante trastornado, no sabía qué decirle a Dina y sólo atinó a saludarla, ella sonriente no parecía sorprendida, le dijo: -te sientes bien, pero todavía no abuses, tus lesiones aun internamente no han sanado, pero si gustas puedes bañarte, yo te acompaño para ayudarte a subir.

Y así Juan se desnudó entrando al agua, Dina de espaldas se sentó dentro de la vegetación esperando que salga Juan del agua, sin perderlo de vista, pues no tenía seguridad de su estado de salud. Luego de unos minutos salió Juan del agua y se vistió.

Los dos se sentaron en una gran piedra y Dina, mirando los ojos de Juan le dijo: -espero que en unos dos días estés listo para continuar tu viaje.

Juan asintiendo le dijo: -no quiero abusar de tu hospitalidad, más bien te invito a que conozcas mis tierras y mi familia, pues me siento en deuda contigo y no quisiera dejar de verte.

Dina, mirándolo le dijo: -yo no puedo salir del valle, no quiero ni puedo mentirte, vivo en este valle no sé cuánto tiempo, de los alrededores nadie se atreve a venir, soy hija del último inca, señor de todo el imperio, entregada por mi padre a nuestro dios el Sol y él me protege, mi linaje no acabará jamás, tengo el poder de curar a las personas, de ver todo cuanto sucede fuera de aquí, presiento todo cuanto me pueda suceder y siempre he vivido sola.

Juan pensó que quizá la soledad le había afectado, pero si yo mismo he sentido su facultad de curar mis heridas, y así en silencio retornaron el camino a casa.

Entrando a la casa, Dina tomó de la mano a Juan, se sentaron en el “poyo” (que no es sino una construcción de piedra y barro a semejanza de una banca bastante larga), la naturaleza del entorno de la casa era abundante, el cantar de los pájaros conformaban un cúmulo de cánticos que parecían celestiales, a tal punto que Juan dijo: -parece que todos los pajaritos que cantan lo hicieran a un solo ritmo. Que lo hacían sentir como si su cuerpo flotara, sensibilizándolo, a tal extremo que deseaba acariciar con ternura el rostro de Dina.

Dina acarició la mano de Juan diciéndole que -estaba segura que volvería él, fuera al lugar que fuera, pues nuestros destinos están unidos por voluntad de mi dios el Sol.

Ya los tiempos habían pasado y tocaba relevarla por una diosa, de la cual él sería el padre, que luego, pasado el tiempo, ellos vivirían eternamente en el reino del dios Sol, en señal de resignación y aceptación, besó los calientes labios de Dina, correspondiéndole con el mismo ardor que Juan la besaba… y así pasaron juntos algunas semanas, prodigándose caricias día y noche hasta que él le dijo que viajaría a sus tierras para hablar con sus padres y que regresaría lo más pronto posible.

Muy temprano, al día siguiente, tomó su caballo, Sol de Oro, que por cierto se encontraba altivo y fuerte, se despidieron amorosamente con un beso profundo y largo musitando ambos palabras de amor.

Comenzó Juan montado en su caballo a ascender hasta llegar al camino de herradura que bordeaba las tierras de Dina, Juan sintió como si estuviera flotando, el aire le golpeaba la cara, obligándolo a cerrar los ojos, cuando de pronto sintió un silencio y una calma absoluta, al abrir los ojos se encontró que estaba ya cerca a la casa de sus padres, consternado, respiró hondo y continuó su camino en dirección a la casa.

Llegando a la casa sus perros que eran numerosos comenzaron a ladrar y aullaban mirando el cielo, saliendo de la casa de sus padres y el personal que estaba en ese momento en la casa, ante tal algarabía causada por los perros y los bufidos de las reses y caballos que se encontraban en los corrales, al aperarse de su caballo Sol de Oro, como lo llamaban, fue abrazado por su padre, y así se acercaron a su madre y hermanos y personal, todos lo miraban como si fuera un “aparecido”, pero Juan calmadamente les fue relatando todo cuanto había vivido en el tiempo que no estuvo en casa, cuidándose de no manifestar lo extraño, lo misterioso de su amada Dina.

… y así, después de algunos días, manifestó a sus padres que tenía que regresar a los predios de Dina, pues la amaba y se casaría con ella, sus padres y hermanos le ofrecieron acompañarlo Juan le dijo que en este oportunidad no era conveniente, que él regresaría pronto y entonces sí podrían acompañarlo.

El día que partió hubo truenos y  relámpagos, una lluvia torrencial acompañó su salida… para no regresar nunca más.

Al día siguiente el sol brilló como nunca había sucedido, pues su hija sería amada y su estirpe continuaría reinando en el valle del encanto.

Se dice que desde entonces existen dos nuevas estrellas en el firmamento, una inmensa y poderosa y otra brillante y hermosa.

Por los siglos de los siglos. Amén…

miércoles, 2 de mayo de 2012

DISTINCIÓN A NUESTRO DIRECTOR


La Revista Alma Porteña agradece la distinción otorgada a su Director por difundir noticias sociales, políticas y turísticas a nivel nacional, conforme puede verse de la diploma que publicamos.


LA EXPERIENCIA ENSEÑA


En el departamento de Ayacucho, provincia de Lucanas, existe un distrito llamado Llauta, el que colinda con la provincia de Palpa, que pertenece al departamento de Ica, hoy región Ica. Llauta es una provincia que se encuentra a 2200 mts de altura, en nuestra Cordillera, donde se origina el río Palpa, encontrándose en esta prov incia un lugar llamado Ailapampa, con una veintena de casas, hace muchos años atrás en los años 1830 un italiano llamado Francisco Degregori Chiessa, afincó en este poblado, era ganadero, próspero, tenía tierras de invernación de ganado (engorde), existiendo hasta la fecha la mencionada casa hacienda que por cierto destaca en el lugar, que consta de 2 plantas, 11 cuartos de 5 x 6 c/u. en el 2º piso - un corredor – comedor – cocina - dormitorios, en el 1º piso, un patio de 40 x 15 mts empedrado - cruzando el patio al frente 6 cuartos de 5 x 6 de una planta todo con techo de calaminas y un corral para el ganado de 2000 mts2.

Don Francisco Degregori Chiessa es mi abuelo, tuvo con su esposa, mi abuela Ricardina Bendezú, 12 hijos, siendo en la actualidad numerosos los familiares con el apellidos Degregori, descendientes de Don Francisco, emigrante que llegara al Perú por el puerto del Callao en los años 1822, padre de doña Enma Degregori Bendezú, quien fuera mi madre.

Para ese entonces tendría yo, de 10 a 12 años, por razones que no recuerdo con exactitud, se me encomendó ir de Ailapampa, de la casa de mi tío Amadeo, a la casa hacienda de un primo, Jorge Guillén Degregori, el camino por donde debía ir era un camino pegado a la falda de los cerros, que por cierto son altísimos y llenos de vegetación, lo que ya había incursionado en alguna oportunidad era morada de pumas, el llamado “león peruano”, fiero, noble, y solo caza cuando tiene hambre, no es carroñero, perdices, vizcachas y guanacos en las partes más altas, así como algunas alimañas, como la apancora, araña temible, que lanza bufidos en medio de las lluvias y otras variedades de alimañas.

Era un día del año 1950 ó 1951, en los meses de Enero o Febrero como es sabido, épocas de lluvias intensas, de abundante agua, época de inundaciones, ríos cargados (llenos de agua), “canganas” ruidosas, por donde corren grandes caudales de agua a velocidad vertiginosa, arrastrando piedras y plantas, según sea la intensidad de las lluvias, todo esto debido a la gran altura de los cerros desde cuyas simas, las gotas de agua se convierten en pequeñísimas corrientes que por la inclinación de su configuración, discurren llegando a estas grietas que se forman desde la sima hasta sus bases, con el pasar de los siglos se han convertido en verdaderos cauces profundos, por donde discurre el agua de las lluvias hasta llegar a los ríos (en este caso el río Palpa) bajan sus aguas con gran estruendo, haciendo temblar la tierra cual terremoto.

Es así como en cumplimiento del encargo, decido cortar camino, todos sabemos que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos equidistantes, en este caso (2 km más o menos).

Bien, aplicando esta lógica, ingresé a los cercos sembrados de “alfalfa” gran alimento para los animales (en este caso reses, caballos, carneros, etc.) continuando mi travesía ingresé a un cerco, cuya alfalfa había crecido tan alto que casi me cubría por completo, estando casi a centro del “cerco” (cerco es un espacio de terreno, circundado por “pircas” hechas de piedras superpuestas, estas pueden ser de dos metros más o menos, permitiendo identificar la propiedad e incluso llevan nombres para mejor identificarlos.

Es así como escucho a lo lejos unos ladridos broncos y fuertes de por lo menos tres perros, apuré el paso cuanto pude, abriendo la alfalfa con mis brazos, divisando la pilca bastante cerca, voltee a mirar y logré ver tres cabezas de perros que se perdían y aparecían, saltando y corriendo, venían a mi encuentro rabiosos y ladrando, sentí que me encontraba en un gran riesgo de ser atacado por estos perros que eran inmensos y bravos pues eran la seguridad de la casa hacienda del primo quien yo debía entregar el encargo.

Por suerte esta pilca si bien es cierto tenía aproximadamente dos metros de altura, no era lisa, unas piedras sobresalían más que otras, por donde me encaramé lo más pronto posible (dentro de los límites que mi corta edad me permitían) llegando a estar en la cima de la pilca antes que los furibundos perros me alcanzaran, esta era la última que tenía que pasar, ya que daba al camino que me conduciría a la puerta de la casa hacienda.

Y así tuve un final feliz, fue una experiencia crítica, mi regreso sí lo hice por el camino que era mucho más largo, pero que me daba seguridad.

Moraleja: “No siempre el camino más corto es el mejor” o “Más vale rodear que rodar”.

miércoles, 17 de agosto de 2011

REUNIÓN DE CINCO AMIGOS



En una tarde soleada de esas que secan la garganta y hacen que nuestros sentidos se agudicen, ante tanta sofocación, en uno de esos bares de cierta calidad, en una ciudad donde el comercio es abundante, se encontraban cinco amigos “remojando las palabras”. Como uno de ellos sostenía, para justificar de alguna manera, el aprovechamiento de estas oportunidades amicales. Para evitar herir susceptibilidades sólo les daremos un número del uno al cinco y siempre el uno será el uno y así sucesivamente, hasta el cinco.

Es el caso que el uno manifiesta: en nuestro mundo actual tenemos que festejar el avance de la ciencia y la tecnología, entre ellas la comunicación, pero cuando caen en mentes retorcidas, con sed desmedida de poder y capaces de usarlas para mal, reúnen gente de su propia calaña y dominan el medio en que se desenvuelven y atropellan honras y dignidades, acaparan poder y riqueza a la mala, sin importarles nada ni nadie, y así acuden como moscas a la miel, todos los malandrines y corruptos desde los medios en que se engendran.

Esto en todos los niveles sociales y políticos en el mundo entero.

No bien acaba, lo interrumpe el número tres, pidiendo disculpas dice: algo de razón tiene el número 1, pues aquí ha sucedido y sucede algo que se parece mucho a lo dicho por el número 1, pero eso no significa que deben prevalecer eternamente, para eso tenemos reservas morales que pueden combatir a estos facinerosos.

El número 2 dice: tenemos buenos colegios, profesionales capaces y de muy buen nivel, debemos tener esperanzas que nuestro pueblo alcance mejores niveles económicos, culturales y, con cierta sorna dice: y nosotros también, no olvidemos que a los pueblos no se miden sus edades como a los seres humanos: 10, 20, 50, 70 años, sino que el desarrollo y crecimiento de los pueblos necesitan 200, 300 y 500 años y apenas tenemos ciento noventa años como sociedad libre e independiente.

El número cinco manifiesta: si, pero ustedes lo han dicho antes, quizás los pueblos necesitaban 500 años para desarrollarse positivamente, pero hoy tenemos herencias que aceleran y fortalecen el desarrollo de los pueblos como es la ciencia y la tecnología.

El número cuatro dice: bueno digamos salud y no tomen tan a pecho las dificultades en que viven los pueblos, pues como decían los abuelos, el gallinazo de arriba se zurra en el de abajo y con este cuento del libre comercio los dominantes de los grandes países encontraron la forma de romper nuestras fronteras y se aprovechan del hambre y el atraso de nuestros pueblos para meter sus narices en todos los países que les da la gana y llevarse “lícitamente” toda materia prima que les da la gana, “pagando” lo que según ellos, es su precio y no se puede reclamar porque sino los “alquilados” nos recuerdan todas nuestras carencias y que estas serán peores aún mientras ellos “tragan” las migas de los poderosos a cambio de “ladrar” para asustarnos. Bueno muy solemne él dice, poniéndose de pie: todo el que come churrasco en su casa y solo deja para lentejas y no averigua, cachudo es.

El numero uno plantea: los pueblos del Perú vienen sufriendo una epidemia de corrupciones, en todos los niveles, no cabe duda que este estado de crisis impide el crecimiento y desarrollo de nuestro país en todas sus actividades y es evidente que en construcción la situación es caótica, y esto, obstaculiza el desarrollo nacional de esta actividad ,si nos queremos y queremos a nuestro pueblo, y a su territorio, pues todo el que obstaculiza delincuencialmente el desarrollo de nuestro país, está en guerra contra el por lo tanto todas estas “alimañas” deben ser declaradas “traidores a la patria” y se les debe aplicar la ley que les corresponde … y al que diga que no a cincuenta la bonito… y así alegrones abandonaron el local y se fueron a soñar con los ángeles…

miércoles, 29 de junio de 2011

UN VIAJE SIDERAL



Era una tarde calurosa, el sol mantenía iluminada la campiña, me encontraba en un bosque de huarangos (algarrobos), esperando que mi caballo se alimentara, a quinientos metros estaba el cementerio de la ciudad, con muchos años de antigüedad, habían sepulcros en pabellones y en tierra, en muchas oportunidades lo había visitado, solemne, frío y hasta bullicioso parecía, decían que era por los vientos, existía una mina abandonada, de oro, que había sido explotada hasta agotarse la veta.

Muchos moradores habían visto en noches de cielo claro, estrellas que raudas cruzaban a gran distancia el cielo, por lo que se comentaba que mar afuera, a gran profundidad existía una base de “platillos voladores” en alguna oportunidad hacía muchos años, gente de la campiña había desaparecido por meses, en algunos casos habían vuelto a aparecer sin poder explicar qué les había sucedido no recordaban donde habían estado durante el tiempo que no se les veía, un año y hasta dos años.

Siempre aparecían muy cambiados, vigorosos, con ciertas habilidades desconocidas en ellos y muchos habían comenzado a progresar tanto económicamente como socialmente y casi todos abandonaban la pequeña ciudad en que vivían para trasladarse a otras ciudades de mayor auge.

Es así como buscando un descanso placentero entre la vegetación y los árboles, traté de descansar echándome sobre el pasto, recostando mi cabeza entre mis manos entrelazadas, cerré los ojos, aletargado, sentí un silencio absoluto y el ambiente se tornó cálido, quise abrir mis ojos, moverme, pero mis brazos, mis piernas, mi cabeza no obedecían a mis deseos, supuse que estaba en medio de una pesadilla, de pronto todo era muy lejano, no sentía tener mi cuerpo, sentí como si estuviera constituido por pequeñísimas partículas, saltando, rozándose unas a otras, en intervalos precisos y ciertos, manteniéndose en un compás constante, fui perdiendo conciencia, a la vez sentía estar en un silencio absoluto.

No puedo mencionar el tiempo que duró las sensaciones mencionadas.




Cuando fui haciendo conciencia lentamente a la vez me sentía calmado y seguro, traté de moverme, abrir mis ojos, por más esfuerzos que hacía no podía, en estas condiciones pasé algún tiempo, cada vez me sentía más consciente pero no podía moverme.

La tranquilidad y seguridad iban en crecimiento positivo, sin percibir nada, conseguí mover mis brazos libremente y mis piernas, abrí mis ojos, me encontré con una oscuridad sepulcral, traté de levantarme.

Escuché una voz: que me decía: no te muevas (pronunció mis nombres completos), tú has nacido (dijo mi fecha de nacimiento), los nombres de mis padres, repitiéndome que no me mueva, que mantenga la calma.

La voz era femenina, melodiosa y zalamera.

Continuó: ten paciencia, todo está bien, hemos salvado tu vida, has tenido un infarto, estás en un centro especializado, fuera de tu mundo, has viajado millones de kilómetros por el espacio, ahora eres nuestro invitado, dentro de unos minutos podrás caminar, todo lo dicho por la voz sólo lo sentía directo a mi cerebro pero con claridad.

Abrí mis ojos, percibí una luz suave, blanca, sin intensidad, que me permitía ver con naturalidad, pude apreciar que me encontraba en el centro de una habitación amplia, circundada por paredes que parecían gelatina, con iluminaciones que corrían por dentro de las paredes, como si fueran pequeños relámpagos, de manera constante y permanente. La cama que yo suponía fuera como las que usamos se trataba de una de forma tubular casi hecha diría yo, a la medida de mi cuerpo.

Nada de lo vivido hasta el momento me produjo temor ni nerviosismo alguno, más bien sentía curiosidad, algo inusual en mí.

De pronto por una de las paredes ingresaron dos seres cubiertos sus cuerpos totalmente, con una escafandra para sus cabezas, sus vestimentas eran muy ceñidas, de color plomo, muy resplandecientes.

Se acercaron a la cama donde me encontraba, podía entender como si me hablaran.

Decían: somos amigos, te hemos salvado la vida, queremos ayudarte, fue necesario traerte desde la tierra a nuestro planeta.

Pregunté: ¿Dónde estoy?, me contestaron: no es necesario que hables, sólo piensa y nosotros te escucharemos, así como lo vienes haciendo tú. Y así lo hice, pensé: ¿Dónde estoy?, me respondieron: en un centro inter espacial en el planeta “Zorco” a millones de kilómetros de la tierra, en la galaxia “Ecro” del sistema “pletico” a uno de los extremos del universo. Ante tales respuestas traté de levantarme, acercándose los seres que tenía al frente, para ayudarme.
Sentí tener hambre y sed.

Me dijeron: no te preocupes, te vamos a llevar para que sacies tu hambre y sed.




Acto seguido me tomaron de los brazos suavemente, y me invitaron a caminar, llevándome directamente contra la pared, atravesándola, para mi sorpresa, como si fuera de aire, así caminamos por unos pasillos, llegando a un salón grande, donde habían distribuidas en perfecto orden no menos de 50 mesas con sus respectivas sillas.

Me indicaron que tomara asiento y ellos se sentaron también.

Vinieron seres vestidos igual que los dos amigos que me acompañaban con algo que mas bien flotaba, diría yo, pues el piso no lo tocaba, colocando en el lado de la mesa donde me encontraba, un plato con ensalada de verduras (suponía yo) y un vaso de leche (supuse por su aspecto) y los comí todos, descubriendo que ni eran legumbres, ni era leche, pero si todo era muy sabroso y agradable.

No me cabe duda que los alimentos que me dieron energía me reconfortaron, dándome vitalidad.

Luego me condujeron a una gran sala, me explicaron (siempre mentalmente):
Que me mostrarían en las pantallas, el fondo del mar, de la tierra, llamado Pacífico, donde tenían sus bases, desde hace siglos.

El Pacífico era el mar más profundo de mi mundo, tenía más de 10 kilómetros de profundidad y donde no podían llegar los terrícolas.

Pude ver en las pantallas, unas cúpulas gigantescas todas ellas transparentes, que cubrían verdaderas ciudades con edificios, avenidas y calles y un sinnúmero de personas en plena actividad, vestidos como los que me acompañaban, con máquinas de transporte (tubulares) y máquinas circulares, volando dentro de la ciudad.

¿Qué es esto? Pensé.

La respuesta siempre mental, no se hizo esperar.

Me dijeron: es el fondo del mar, al que ustedes llaman Pacífico, el más profundo de tu mundo; pues tiene más de 10,000 metros de profundad, tenemos muchos siglos que estamos ahí, a tu gente las hemos visto evolucionar, desde hace siglos, no queremos interferir en sus vidas, ni mezclarnos, somos incompatibles, pero los respetamos, pues tampoco podríamos vivir en la superficie terrestre.

Lo que necesitamos lo obtenemos del fondo del mar y lo trasladamos en nuestras naves, nuestros viajes duran aproximadamente 60 días terráqueos, atravesando el universo por las vías siderales, a velocidades que superan un millón de veces la velocidad de la luz.

Sólo transportamos lo necesario, no depredamos y si consideramos necesario escogemos entre ustedes a personas especiales, como ha sucedido en todos estos siglos, preparándolos, dándoles conocimientos y tecnología, lamentablemente en algunos casos, le dan mal uso a los conocimientos y vienen contaminando el mar que tanto nosotros como ustedes lo necesitamos para vivir.

Durante todos estos siglos que hemos habitado en el planeta tierra (como lo llaman ustedes) hemos procesado en nuestro planeta a reyes, gobernantes, científicos (ustedes los llaman sabios) para que ustedes desarrollen su tecnología y dejen de enfrentarse unos a otros, sobre todo no podemos permitir que finalmente hagan de la tierra un mundo inhabitable para ustedes y nosotros.

Tú estas aquí porque coincidió que estábamos observando el lugar en que te encontrabas y observamos que tu corazón se abría por uno de sus lados y era eminente que morirías, por lo que fue fácil detener el tiempo en tu entorno y traerte a nuestra base en el fondo del mar y de ahí enviarte a nuestra estación aquí, a nuestro planeta “Zorco” lo demás ya lo estás viviendo, ya estás sano y tendrás larga vida.

Me condujeron a otra pantalla donde podía ver una cúpula inmensa, que cubría no menos de 50 naves gigantescas, tanto circulares, cual platillos voladores, como otras en forma cilíndrica con unas torres circulares sobre ellas, escuché que me decían que unas eran para el transporte de seres y las cilíndricas eran para el transporte de productos extraídos del fondo marítimo, a donde no llegaban los terrícolas.

Me sentí temeroso por mi futuro, enseguida me explicaron que no sintiera temor alguno, pues donde me encontraba estaba más seguro que en la tierra y que me regresarían muy pronto, pues ellos no me harían daño alguno.

Siempre mentalmente, me invitaron a conocer su urbe, subimos a una especie de ascensor, llegando a un espacio abierto a gran altura, donde habían estacionados unos vehículos globales a los que ingresamos tomando asiento, en una especie de masa, que se ajustaba a nuestros cuerpos, elevándose estos, como si recibieran órdenes, efectuaban un recorrido continuo, suave y a cierta velocidad, iba escuchando mentalmente todo tipo de información, los edificios eran de un materia uniforme, como si fuera una sola masa, me decían que el material era una masa “inteligente” que estaba programada para construirse así misma (darse forma) y que su duración era eterna, que se regeneraban así mismas, que podían transformarse en puentes, vías y todo lo que se quisiera, sólo había que programar la masa para que ésta tomara la forma que se ordenaba.

Pensé todo me parecía una irrealidad, y así me respondieron: no te preocupes, somos una raza con muchos millones de siglos de existencia, nosotros también fuimos como ustedes, pero las condiciones de vida que tenemos nos ha permitido desarrollarnos, pues vivimos un promedio de dos mil años, la órbita de nuestro planeta es un millón de veces más grande que la de ustedes y nuestro planeta es cien veces más grande que la tierra, es por ello que acumulamos conocimientos sin límites y nuestra tecnología es la más avanzada del universo.

Tú has viajado por un pasaje sistólico que corre por un espacio que se extiende y se contrae, permitiendo que el viaje sea un millón de veces más rápido que la luz, pero para eso tu ser es convertido en partículas infinitamente pequeñas y aquí estás.

Te repetimos que hemos salvado tu vida, porque cuando te intervenimos estabas sufriendo un paro cardiaco, te devolveremos a la tierra, tendrás una vaga conciencia de todo esto, pero tu ser en general está totalmente fortalecido y regenerado, tu vida será larga y ya no tendrás enfermedades futuras, si deseas quedarte manifiéstate y te quedarás.

Les dije que les agradecía pero que mi familia la tenía en la tierra y no podía quedarme (me estaba agradando poderme comunicar sin hablar).

No te preocupes me dijeron, (siempre mentalmente) somos respetuosos de tus deseos, luego me transportaron hasta el mismo edificio de donde partimos, llevándome a la misma habitación donde desperté, en el centro estaba la cama tubular, me pidieron que me echara en la cama, luego una tapa fue cubriéndome hasta llegar a cubrirme totalmente y… aquí me tienen sano y salvo con estos recuerdos que cada cierto tiempo vienen a mi memoria, sin poder sentirme nunca seguro de si fue verdad o no.

Lo cierto es que he aprendido que a más conocimientos, menos egoísmos, odios, y ha no desconfiar de lo desconocido….

viernes, 17 de junio de 2011

UN VIAJE AL PASADO - EL CONDE DE CHOSICON




Según expresión de los entendidos, personas profesionales, especialistas en la anatomía humana y el funcionamiento de nuestros órganos, en especial el cerebro que no escatiman expresiones en el sentido que no usamos sino la cuarta parte de él, hasta hoy en día.

Muchos afirman que seríamos capaces de ver y viajar a cientos y miles de kilómetros, escuchar voces del pasado, viajar en el infinito, todo esto en pocos minutos.

Si tenemos en cuenta estas aseveraciones usted y solo usted podrá considerar esta posibilidad después de leer nuestra historia a narrar.

En un día cualquiera como era rutina, Francisco de Triana y Rivera, venía manejando su automóvil por la Av. Arequipa del centro de Lima con dirección a Miraflores (distrito de la Región Lima), cuando repentinamente lo impacta una ambulancia estrepitosamente, quedando el vehículo en que viajaba Francisco con las ruedas hacia arriba, gravemente herido, permaneciendo en el vehículo por mas de dos horas, la gente se arremolinaba alrededor del vehículo, nadie intervenía pues lo consideraban muerto, la parte de adelante junto con el motor estaban casi separadas del resto del vehículo, el parabrisas estaba hecho trizas, tirado en la pista. A Francisco se le veía inerte, sangrante y parecía no respirar, recién a las dos horas llegaron los bomberos y una ambulancia de una conocida clínica que estaba solo a cuadras del lugar del accidente, finalmente fue sacada del vehículo y llevado a la clínica en la ambulancia mencionada en un estado de inconsciencia total.

Despertó en la silla de un brioso caballo blanco, vestido con unas botas altas, viajando por un callejón bastante polvoriento, enrumbando hacia el oeste, sintiendo a los pocos minutos el ruido de las olas que se batían contra los farallones costeros como a doscientos metros, un frondoso árbol daba sombra y vio, unos troncos tirados en el suelo desde la montura de su cabalgadura.

Podía apreciarse una inmensa llanura verde con árboles frondosos entre plantas propias de la agricultura, viéndose parcelas debidamente delineadas, de pronto a la distancia distingue venir un corcel que se acercaba donde se encontraba Pablo San Román de Castilla, así se llamaba, se apeó del caballo siempre mirando el caballo que se acercaba, su jinete era una bella mujer de color cobrizo, joven y sonriente y al bajarse del caballo la tomó de la cintura para ayudarla, besándose apasionadamente por algunos minutos, ella le mencionó que su padre el cacique don José Sánchez de Marango estaba sospechando que algo raro le estaba pasando a ella, Dina, ya que siempre prefirió pasar las horas en los jardines de su casa que ocupaba un área de más de mil metros, rodeada de jardines y huertas de árboles frutales y hortalizas.

Francisco le dijo que no se preocupara, que ya había pedido a la Corona Española le remitieran sus títulos nobiliarios y le señala la ubicación de las tierras ofrecidas a su familia por los servicios prestados a la Corona.

Estuvieron prodigándose caricias por más de dos horas despidiéndose con un prolongado e intenso beso.

Francisco subió a su caballo dirigiéndose a los farallones donde se detuvo a escuchar las olas, que estruendosamente iban y venían, luego se dirigió cruzando la sabana, en medio de la vegetación con arboledas y pequeñas plantas, plantaciones de vid, hasta tomar el camino hacia Lima, centro donde su padre tenía un inmenso solar, con jardines, caballería incluida, pues era uno de los llamados “escribanos” nombrado por la Corona Española para esta parte de América.

Pablo hacía dos meses que había regresado después de terminar su carrera como doctor en leyes en España y Francia, pues se trataba de una familia con títulos nobiliarios y funciones al servicio de la Corona Española, los títulos personales de Pablo estaban por llegar vía marítima por lo que no podía aún hablar con el padre de Dina con quien sostenía una relación sentimental desde hacia algunos años en juventud, antes de viajar a España, retomada a su llegada, sabía que su padre tampoco estaría de acuerdo con su matrimonio con Dina, por ser hija del Sol, pero como él decía, era la mujer más bonita de todo el territorio de este llamado nuevo mundo.

Unos españoles afincados en la zona norte, habían invadido una parte de las tierras que le habían asignado a don José Sánchez de Marango por los que paga fuerte tributo y estaba obligado a obediencia absoluta con la Corona, pero como él pensaba, lo daba todo para darle a su gente una vida segura, un trato humano y buena alimentación, siempre prefería llevar una vida austera y en paz.

Es así como lejos de enfrentar a los invasores, acudió a denunciarlos ante la autoridad correspondiente para este caso, el Corregidor don Pablo San Román de Castilla.

Don Pablo San Román de Castilla invitó al poseedor de las tierras de Marango para que sustente su denuncia de acuerdo a las usanzas, al ingresar al despacho del señor Corregidor, se encontró con el hijo, don Pablo San Román, quien muy solícito lo saludó, acompañándolo hasta donde se encontraba su padre, retirándose muy solícito, deseándole un feliz día en nombre de la Santa Cruz.

Don José Sánchez de Rivera luego de ofrecer sus saludos al señor Corregidor, quienes se conocían desde hacía muchos años y siempre se trataron con mucha consideración y afecto, pues sabía que el señor Mendoza era una persona justa en todas sus acciones, al escucharlo lamentó que estuvieran en sus tierras españoles, sustrayendo productos que no les correspondía, ocupando tierras que pertenecían al Curaca José Sánchez de Marango, ofreciéndole ocuparse del caso, de inmediato llamó a su guardia para que fueran a inspeccionar y trajeran a su presencia quienes estuvieran cometiendo estos actos de abuso.

Don Pablo San Román de Castilla hacia su ingreso al despacho de su padre, al escuchar las disposiciones de su padre se ofreció a ir también agradeciendo el señor Sánchez su pronta voluntad.

Partiendo enseguida con dirección a la repartición de Marango la comitiva, yendo a la cabeza don Pablo San Román de Castilla.

Llegando al lugar indicado notificaron a los responsables quienes desde ya se declararon inocentes, pues decían estar solo de paso, recuperando energías y que justamente se marcharían al día siguiente.

Los comisionados regresaron de inmediato a Lima y don Pablo San Román de Castilla se dirigió a la casona del señor José Sánchez de Marango, Curaca de Marango, llegando al pórtico principal preguntó por don José Sánchez de Marango, le comunicaron que no había regresado de Lima, pero estaban seguros que no demoraría.

Preguntó si podría esperarlo pues se trataba de un caso urgente de parte de don Pablo San Román de Castilla y Sevilla, corregidor de la Corona Española en los territorios de indias.

Solicitó el encargado de la casa de don José Sánchez de Marango, cacique de Marango ingreso a la casa para informar a la señorita Dina hija de don José, quien al enterarse de la visita de tan importante representante salió personalmente a recibirlo, dándose con la sorpresa que se traba del hijo del señor Pablo San Román (hijo), sonriéndole graciosamente, mostrando su alegría, lo invitó a pasar a su casa, acto seguido Pablo (hijo) le refirió paso a paso los pormenores de su intervención y que dichos provocadores se habían comprometido a respetar los límites del territorio asignado por la Corona a su padre. Acto seguido le comunicó que sus títulos ya habían llegado, señalándole dominio sobre las tierras llamadas Chosicon, las que eran conocidas por su clima benigno y donde el sol no se ocultaba en todo el año, ricas por su producción y abundante vegetación, ofreciéndole que hablaría con su padre para pedir su mano oficialmente, ella muy alegre se acercó a él, abrazándolo y besándose apasionadamente, con mucho amor, apartándose de inmediato ya que su padre podía llegar en cualquier momento.

Así fue, en pocos minutos llegó el papá de Dina, retirándose de inmediato Dina, dejando a los dos solos, quienes conversaron por espacio de unos minutos, retirándose don Pablo (hijo) prometiendo que al día siguiente regresaría a constatar el retiro de los invasores de las tierras de don José Sánchez de Marango, curaca de Marango.

Al día siguiente don Pablo (hijo) habló con su padre sobre su relación sentimental con la hija de don José Sánchez de Marango, el padre, hombre recio y moderno, leído en toda la extensión de la palabra y ante ciertas dificultades que se venían presentando con los nativos, le pareció oportuno un matrimonio entre su hijo y la hija del Curaca de Marango, dejando de lado todo prejuicio, muy en boga por entonces y quizá hasta hoy en día, aprobó la relación de su hijo, comprometiéndose a hablar con el virrey de inmediato para luego hablar con el curaca de Marango. Pasaron algunos días y el corregidor don Pablo San Román notificó al curaca José Sánchez que lo visitaría para efectuar un recorrido por las tierras del norte de Marango dentro del tercer día.

El curaca aceptó tal visita y lo invitó a gozar de un almuerzo en su residencia, a él, a su hijo y su comitiva.

Dina Sánchez comunicó a su padre las intenciones de don Pablo San Román y Castilla, padre de Pablo, con relación a su noviazgo y próximo matrimonio, poniendo cierta resistencia, ya que no conocía que su relación tenía muchos años y que realmente existía un amor cierto.

Finalmente aceptó, siempre y cuando el compromiso se efectuara en Marango, por ser la casa de la novia y que vivieran en las tierras de Marango, su hija le informó que a su novio le había otorgado la Corona de España las tierras de Chosicón que eran inmensas y productivas y que le habían otorgado los títulos de Conde de Chosicón.

Finalmente el padre acudió pensando siempre en el futuro de su hija, pues sabía de los constantes riesgos en que vivía su raza antes los invasores dominantes españoles.
Es así como los padres de Dina y los padres de don Pablo San Román de Castilla, conde de Chosicón se pusieron de acuerdo y celebraron una de las bodas más sonadas de la época, a la que acudieron tanto hijos de la Corona Española como nativos de las tierras indias.

Partiendo los novios con rumbo a la casona del territorio de Chosicón, acompañados por una numerosa comitiva, felices los novios, ya que se acercaba su primera noche de luna de miel.

El corcel en que viajaban el Conde de Chosicón Don Pablo de San Román tropezó lanzándolo de la silla, rodando por un barranco profundo.

Don Francisco de Triana y Rivera despertó repentinamente, regresando a la vida, con una ansiedad y tristeza que no comprendía qué le había sucedido en esos treinta días de inconsciencia, pero que sentía como que no quería estar donde estaba y sentía ansiedad por algo que no alcanzaba a disfrazar, los médicos le dijeron que era efecto de las medicinas y que no se preocupara que pronto le darían de alta para que continúe su vida cotidiana…